• Jun. 23, 2008, 1:19 p.m.
I. LA AGENDA EN NICARAGUA

En Nicaragua, los tres aparatos más importantes de opinión (iglesias, partidos y medios) se han llevado siempre de las greñas Y aún dentro de ellos mismos, se cruzan los apoyos. Unas veces dos de ellos se alían para combatir al otro, o una parte de ellos mismos, se cruzan al aparato adversario y terminan enredados en una madeja difícil de separar hilo por hilo. Una buena parte de los partidos y la mayoría de los medios en general, en coyunturas pre o revolucionarias, van juntos, pero en contextos regresivos y escépticos, usualmente son las iglesias y los medios los que se alían, o los partidos y las iglesias las que se reencuentran en situaciones de estabilidad. Y aquí se plantea el problema de la hegemonía de la agenda política entre los adversarios y aliados. El paradigma internacional clásico, al menos para Occidente, ya lo ganó la CNN al cubrir la agonía del Papa Juan Pablo II (Iglesias) y la enfermedad de Fidel Castro (Ideologías), durante varios días de cobertura íntegra.

La agenda actual de la oposición nicaragüense, hasta antes de la huelga de hambre de Dora María Téllez, no pudo ser promovida desde los partidos políticos mismos (MRS, PC, PLC, Vamos con Eduardo y ALN) porque además de estar divididos, y desconfiar unos de los otros, estaban sin un eje central alrededor del cual aglutinarse (aunque hubo tentativas de hacerlo en contra del Pacto del FSLN y el PLC, que ahora retoma una vieja consigna de resistencia de la vieja tendencia proletaria del FSLN (“Todos contra la Dictadura”), pero que no concretiza en consignas de acción.

La derecha partidaria (PLC, ALN, Vamos con Eduardo, PC) está desarticulada, sin consignas centrales, dividida, con un imperialismo norteamericano errático o preparándose, al parecer, para crear una estrategia de largo aliento y más paciente, para esperar frutos a mediano plazo, dejando tal vez que el FSLN se confíe o que sea víctima de las contradicciones con sus aliados (socialcristianos, afrocaribeños, resistencia, étnicos costeños, campesinos) y con las corrientes internas que lo componen (Arce, Marenco, Murillo), aún débiles e imprecisas. De Bolivia, el imperialismo y sectores medios, están aprendiendo que la lucha por las autonomías en contextos autoritarios puede darles buenos resultados, corriendo el riesgo de una balcanización del subcontinente, que revuelva toda la cartografía geopolítica latinoamericana. El caso en Nicaragua, es al revés, la autonomía está soportada por actores étnicos auténticos que reclaman participaciones propias que el FSLN no las puede cumplir y que siempre amenazan con el separatismo.

La iglesia está tomando distancia del Cardenal Obando, aunque a un ritmo perezoso, y el COSEP se satisface con acuerdos a puertas cerradas del FSLN con ellos, ignorando el impacto de sus discursos públicos. Apenas, como no, se rompan algunos acuerdos de gran alcance entre ellos, como por ejemplo, políticas tributarias, exoneraciones fiscales, impositivas e irrespeto a los contratos, saltarán y romperán las lanzas. Mientras la policía y el ejército se dejan abrazar amistosamente en nombre de los viejos tiempos (y ser cooptados en silencio), se dejan ver gozosos en los círculos inmediatos y actividades protocolarias del presidente Ortega.

Por la izquierda, los organismos sindicales, gremiales y profesionales influenciados por el FSLN no tienen independencia, y sus aparatos burocráticos responden a los vaivenes del FSLN. Los movimientos sociales barriales, étnicos y agrarios verdaderamente autónomos, aún no asoman la cabeza con fuerza. No hay, pues, izquierda a la izquierda del FSLN y posiblemente el propio FSLN la invente o resucite a la vieja, con la complicidad de otros o los mismos, para contar con un chivo expiatorio que le ayude a desviar los ataques de la derecha y de los organismos internacionales, cuando los haya.

Por el centro, está una parte de la sociedad civil, que no es más que Movimiento por Nicaragua, Ética y Transparencia, IPADE, Hagamos Democracia, Coordinadora Civil de Nicaragua, MRS, notables y algunos medios de comunicación. Son aparatos ilustrados, movimientos sociales y mini-partidos, compuestos por profesionales y miembros de clase media, que tratan de situar la agenda y su propuesta ante el gobierno bajo el expediente simple de respetar el Estado de Derecho y la institucionalidad, ofreciéndose ellos mismos como guardianes que nadie ha solicitado, y cuya capacidad de convocatoria no es fácil, rápida ni de desbordes masivos, y cuenta con recursos exiguos y militancias cómodas. En el agro, nadie sabe nada, ni nadie se ha preocupado de auscultar el movimiento subterráneo de los actores que, al saltar, creemos que por los viejos problemas insolubles de la tierra, sumados ahora a los agrocombustibles, nos sorprenderán a todos.

Desde el punto de vista del FSLN, quien hizo cálculos políticos desorbitados al disparar a pulgas con escopetas, al ilegitimar a su más temible adversario para la plaza municipal de Managua (pudiendo hacerlo sólo con Enrique Sáenz, pasándole alguna “raya” como lo hicieron con Pedro Solórzano, y con ello dejar “vivo” al resto del partido, ahorrándose la huelga de hambre de Dora María y sus consecuencias rentables para la oposición que ya consiguió un pronunciamiento de la Comunidad europea de cooperantes y de intelectuales internacionales de izquierda a su favor) y en el intercambio cederle a los liberales del PLC, la eliminación de su competencia conservadora en el interior del país.

El asunto es dejar a los dos dinosaurios solos, frente a frente, sin rémoras para uno y para otro, que les entorpeciera la limpieza del encuentro, con un actor en el centro (Eduardo Montealegre) que legitimaría toda la maniobra con su participación, por ser el único opositor de relieve. De aquí que su renuncia, si arriesga esta carta que cambiaría todo el panorama político electoral, provocaría un revés muy serio para el Pacto. El Pacto no se puede dar el lujo de permitir su ausencia en el juego.

El FSLN no sólo debe contar con una estrategia política para derrotar a sus enemigos, ganarse nuevos aliados y neutralizar a los vacilantes, desconfiados y escépticos, sino que debe armar una estrategia de medios, política, inteligente y versátil. Las batallas políticas se ganan o se pierden hoy día en los medios, especialmente en la televisión. Por hoy, el gobierno no puede cooptar a intelectuales, analistas y pensadores políticos para subirlos a su planilla de defensores abstractos y simbólicos del poder asumido. Este es uno de sus talones de Aquiles. De las tres estrellas que tiene, uno está “desprestigiado” por el desenmascaramiento que sufrió (Orlando Núñez); el otro resentido desde que perdió la Embajada de Francia (Oscar René Vargas) y el otro muy enfermo, brindando consejos a control remoto (Aldo Díaz Lacayo). El caso de los exabruptos diplomáticos de Daniel Ortega, Coronel Kautz y Samuel Santos contra los donantes europeos, respaldado de seguro por la presencia de Miguel D’Escoto en la presidencia provisional de la ONU, dispuesto a impulsar iniciativas contra las potencias, acusa la carencia grave de no contar con intelectuales orgánicos nuevos, ágiles y solventes.

Una buena polémica en la prensa escrita, con un efecto de ganador, produce más simpatías y renta política, que un baño de multitudes en una plaza alegre. Y una cadena efectiva de listados monumentales, a favor o en contra de alguien en la Internet, a través de cascadas, efectos de “bola de nieve” y lógicas de la “teoría de enjambres”, puede producir resultados asombrosos.

En consecuencia, a la oposición de izquierda debe interesarle construir una estrategia que no sólo incluya los aspectos más sentidos de sectores marginados, explotados y oprimidos, sino que debe aprovechar los intersticios que ofrecen los medios más grandes para proponer y rivalizar con la agenda que los propios medios hacen y de la que ya la derecha empieza también a beneficiarse. Hay que recordar de nuevo que la política contemporánea ya no se hace en las plazas públicas y a través de periódicos revolucionarios solamente, sino a través de los grandes medios de comunicación, en especial de la televisión y la INTERNET. Incluso las encuestas políticas no llegan a saber qué piensa la ciudadanía, sino qué piensa la ciudadanía de la agenda de la que es víctima y recibe por parte de los medios de comunicación. Las encuestas en verdad son muestras representativas de lo que la gente piensa de la agenda de los medios de comunicación, de ahí esa complicidad oculta entre medios, publicidad, ciencia y poder.

Pero una política de despliegue eficaz y más o menos masiva entre la juventud por parte de una oposición de izquierda, reclama el empleo de las nuevas tecnologías (blogs interactivos con contador de visitas, listas universales de emails, website abiertos incluso a la oposición de las ideas propias, links a sitios de debates dinámicos, actualización temática de las nuevas ideas políticas, etc.) y el aprovechamiento de los medios más masivos (entrevistas en programas de analistas, participación en mesas redondas y foros, figuración en listas de los medios de formadores de opinión, etc.)

Hay dos dimensiones para posicionar una agenda mediática en la ciudadanía. De un lado, la de élite y para élites en la formación de opinión ilustrada con programas a base de especialistas y profesionales o formatos audiovisuales muy parecidos a revistas de análisis, donde prácticamente se escribe y habla para los iguales (como Carlos Fernando Chamorro desde todas sus tribunas); y, de otro, las políticas informativas (con la presencia de sectores populares a través de notas rojas, última hora, coberturas in situ, información representacional clásica, etc.) y de entretenimiento ( a lo “Divinas” del Canal 2 y el “Baile del 10” de su competidor) de los dueños de medios que filtran y llenan el ambiente de sus estudios de posiciones claramente a favor o en contra de alguien.

II. PROPUESTAS

Ciertamente, en política, un actor llega hasta donde los demás lo dejan. Y el FSLN se ha enseñoreado sobre los demás partidos y movimientos parlamentarios y extraparlamentarios, a excepción de algunos medios de comunicación activos y beligerantes, casi por inercia y parálisis. El FSLN es un caso de burguesía tardía y nacionalista, de orígenes plebeyos, que se encuentra apurada por negociar con la burguesía clásica, conservadora y mezquina, y un imperialismo discreto, un lugar para acomodarse en un nuevo bloque hegemónico, donde sus discursos populistas y antimperialistas serían mercancías para el “pueblo”, mientras ellos crecen, se consolidan y maduran un nuevo proyecto nacionalista para el país.

Lo cierto es que no hay banderas, consignas, ni lugares, desde donde partan las iniciativas populares. Y pese a que dos son inmediatas y claves: los servicios básicos (luz y agua), están atadas a una Red de Consumidores poco autónoma y vacilante. Pero, además de obligarla a romper con las ataduras oficiosas que pueda tener con el FSLN, debe llenarse de contenidos más allá de los relacionados con el consumo.

Quizás si se pensase en una Asociación de Suscripción Popular para combatir por el regreso de sus viejos derechos de postularse a cargos públicos, al mismo tiempo que dotarla de un contenido luchador por los servicios básicos (agua y luz), la profundización de los públicos (salud y educación), la titulación de una reforma agraria integral, la formulación de un plan de medios de comunicación para su promoción y expansión, el descongelamiento sobre las reformas constitucionales acordados entre el ALN y el FSLN, para debilitar la discrecionalidad del Ejecutivo y preparar en su momento un llamado a una Asamblea Constituyente, etc., todos objetivos capturables e intercambiables con partidos revolucionarios de nuevo tipo, donde los haya.

De materializarse estas salidas, tales asociaciones (fundibles con todo tipo de redes civiles, incluso las propuestas por el gobierno) de suscripción popular, plurales, democráticas y luchadoras, serán las verdaderos fuentes de un poder ciudadano directo.

Email: carloshuerta@ymail.com
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus