• Dic. 24, 2014, media noche

¡Todos alabamos las celebraciones por el cierre del año! Hay quienes comienzan a festejar temprano. Otros son más parcos y esperan la cercanía del día señalado. Para unos, lo esencial es compartir el mensaje de fe, esperanza y amor que infunde la jornada cristiana que va desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero. Para otros, las festividades revisten matices mundanos.

 

Cada quien la disfruta a su manera, según sus puntos de vista y concepción del mundo. Es natural que sea así, por cuanto somos seres humanos individuales, únicos, y tenemos derecho a celebrar las fiestas de la forma en que más nos complazca. Sin embargo, el hechizo de su espiritualidad siempre nos cautiva, no escapamos a su encanto y poder de seducción. En medio de su embrujo es imposible distanciarse de la melancolía y de su andanada de evocación.

 

Gabriela Mistral, poeta chilena, escribe: “Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo”. Estos días de diciembre son idóneos para recordar buenos y grandes momentos, aquellos que enriquecieron nuestra existencia, para deleitarnos en paz y armonía junto a familiares y amigos, para agasajar la vida misma.

 

[Columna anterior: Vivamos la Navidad]


Son días sublimes para gozar del intercambio armonioso entre nuestro yo interno y el mundo de jolgorios y frenesí que nos rodea. La celebración aviva hermosos recuerdos. A la vez, estos recuerdos avivan y ungen de más lucidez a la celebración. El cierre de una etapa se disfruta haciendo disfrutar a los demás. Por eso, es tan bello el mensaje de dicha fiesta.

 

Estos días de diciembre no son aptos para malos recuerdos, pero pudimos haber sufrido pérdidas irreparables durante el año. A pesar de ello, nuestro corazón tiene que llenarse de gozo, de agradecimiento, de los buenos recuerdos que vivimos junto a quienes ya no están. Es el momento preciso para dar más espacio, en nuestro espíritu, a la paz y a la esperanza que generan estas fiestas.

 

 

 

 

Aislarse es nocivo, por muy duro que haya sido el golpe. Es dejarse vencer por la frustración. No es fácil enfrentar esta época con dolor en el alma, pero lo aconsejable es no reprimir las emociones. Si hay que derramar una lágrima, bienvenida sea. Y a seguir adelante en nuestros empeños. Se va un año cargado de acontecimientos, pero viene otro en el que podremos trabajar para cumplir nuestros sueños, trazarnos nuevas metas y proponernos ser mejores personas.

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