• Ene. 6, 2015, media noche

El sábado pasado, 3 de enero de 2015, despedimos en Virginia, EE.UU., a Roberto Íncer Barquero, un gran nicaragüense a quien la Patria le debe mucho.

Roberto es un hombre extraordinario. Digo es, porque su legado y amistad estará siempre con quienes lo conocimos. Admiramos su inteligencia extraordinaria y su chispa (disparaba nuevas ideas todos los días), pero más importante, lo queremos y respetamos por su ética, honestidad y bondad.

También lo recordamos por su descuido de cosas mundanas como olvidar su pasaporte cuando viajaba y fumarse el puro o beberse el agua de sus amigos. Pero nunca se olvidó de lo que era importante: el amor a su familia y a la Patria.

Como presidente del Banco Central (BCN), durante 1969-1979, Roberto dejó un gran legado. Consolidó al BCN como una institución de primera, tanto en lo técnico como en su probidad. Fue el gran capitán de la economía en un mar de muchas turbulencias, como las sequías del 72 y del 75, la roya del 76, el terremoto sísmico del 72 y el político del 78/79, la recesión internacional del 74 y la crisis energética del 73/75 que cuadruplicó los precios del petróleo.

A pesar de este entorno adverso, bajo su dirección y en sincronía con el sector privado, el país tuvo 9 años de estabilidad macroeconómica y crecimiento económico anual cercano al 5%. El ingreso por habitante alcanzó US$2,950 en 1977 (US$1,900 hoy) y las exportaciones de 1976, ajustadas por inflación, fueron apenas superadas en 2012. Sobra decir que la economía sufrió un serio revés a partir de 1978 debido al conflicto político que Roberto trató de moderar mediante el diálogo.

Roberto tenía una visión de un país con buenas instituciones e igualdad de oportunidades, como condición para un crecimiento económico y social integrado, basado en democracia, educación, productividad, apoyo a actividades catalizadoras de desarrollo y cultura. Son temas que hoy continúan siendo prioritarios.

Convencido de que la inversión en educación es el primer requisito para superar la pobreza y elevar el crecimiento, el BCN, bajo su dirección y con el apoyo del entonces presidente Anastasio Somoza Debayle, becó y dio oportunidades a 210 jóvenes talentosos, independientes de su credo político o el de sus padres, para que estudiaran en las mejores universidades del país y del extranjero. Se prepararon en economía, negocios, ingeniería industrial, biología y ciencias sociales. También, el BCN contribuyó a la fundación del Incae y apoyó a la UCA, UNAN y el Instituto Tecnológico de Granada.

Su visión fue de país

Incorporó al BCN y al Gobierno la mitad de los becarios, pero el resto los dejó para el sector privado. El resultado fue muy bueno. La inmensa mayoría de los becarios del BCN ha aportado mucho al país en los últimos 45 años, tanto en los distintos gobiernos como en la empresa privada.

Roberto tenía la convicción de que Nicaragua debía continuar modernizándose y aumentando su productividad. Ya antes había fortalecido la Comisión Nacional de Algodón. Bajo su dirección, el BCN promovió programas de riego, asistencia técnica a industrias claves, comercialización de frutas y vegetales, cultivo de camarones, el establecimiento de la zona franca y el turismo. Se creó el Parque Volcán Masaya y se apoyaron varios proyectos arqueológicos, como la segunda excavación de las Huellas de Acahualinca.

Roberto también fundó el Fondo Especial de Desarrollo que, con el apoyo de la banca privada, canalizó recursos de instituciones internacionales al desarrollo del café, la ganadería, la industria (grande y pequeña) y el turismo.

Bajo su liderazgo, la Biblioteca del BCN, que hoy honra su nombre, se transformó en un centro de cultura, entre otros, con la publicación de la primera bibliografía de Nicaragua e investigaciones sobre nuestros lagos, volcanes, flora y fauna.

En fin, como ya dije, Roberto es una persona extraordinaria. Cualquiera de sus múltiples contribuciones le dan un lugar de honor en nuestra historia, pero lo que más lo distingue y es su mejor legado para la juventud que no lo conoció. Este es: su creencia en la educación y excelencia académica, su bondad, su probidad y ética como persona y funcionario público.

Afortunadamente, varios le pudimos mostrar en vida algo de nuestro cariño y admiración gracias a un homenaje que le organizó en el 2013 su gran amigo y colega Ernesto Fernández Hollmann, que acompañó a Roberto en muchos de sus logros en el BCN. Este homenaje, que agrupó a compatriotas de distintas edades y tendencias políticas, fue un ejemplo de la unidad nacional y amistad que hoy necesitamos más que nunca.

(El autor colaboró con el Dr. Íncer Barquero en el BCN y aprendió mucho de él).

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