• Feb. 9, 2015, media noche

Muchos nos preguntamos sobre la eficiencia de nuestro tiempo. ¿Estamos aprovechando bien cada minuto de nuestras vidas? ¿Es exagerado intensificar la marcha diaria? O, por el contrario, ¿hacemos muy poco?

El profesor Josep Mas Font propone un simple ejercicio: Imaginemos que cada mañana ingresan en nuestra cuenta 1.440 dólares, con la condición de que no podemos guardarlos para el día siguiente. Con esa cantidad podríamos hacer diferentes cosas: regalarlos, botarlos a la basura, o utilizarlos de forma útil, eficiente y provechosa.

Imaginemos además que los 1.440 dólares son como los 1.440 minutos de un día completo de nuestra vida. ¿Somos capaces de conseguir todos nuestros objetivos, tanto en el ámbito personal como en el profesional? ¿Utilizamos de manera eficaz nuestros 1.440 minutos diarios para lograr las metas propuestas?

Este análisis requiere de muchas más preguntas y variables: ¿Cuánto de complicada es nuestra vida? ¿Podemos establecer prioridades? ¿Tenemos demasiadas labores a nuestro cargo? ¿Somos capaces de tomar decisiones? ¿Sabemos delegar responsabilidades en otras personas? ¿Estamos en condiciones de cumplir mínimamente con unos horarios y metas?

Vivimos en la sociedad del aquí y el ahora, donde todo se precisa a la mayor velocidad posible; pero eso no significa rendirse ante el caos.

Diversos expertos consideran que las actividades planificadas deberían ocupar solo el 60% de nuestro tiempo. Eso significaría dejar un margen de un 20% para las inesperadas y para otros imprevistos. Pero también necesitamos un 20% del tiempo para actividades espontáneas y sociales. Algunas empresas consideran que esto es un factor importantísimo para fomentar la creatividad de los empleados.

En la planificación del tiempo es imprescindible actuar con inteligencia emocional. Lo primero es trazarse objetivos, asignarles un período razonable de realización, prever —hasta donde se pueda— las dificultades que podríamos hallar en el camino y entender cuáles son las prioridades.

Muchas veces, evitamos decir "no" a una determinada propuesta, pensando que si la rechazamos quizás estamos dejando ir el tren de la vida o la mejor oportunidad del mundo. Pero si vamos a organizar mejor nuestro tiempo, inevitablemente hay que elegir. Y elegir es tener en cuenta un amplio repertorio de posibilidades que incluye "sí", "no", "más adelante" e incluso "nunca".

Porque, como nos recuerda el gran Paulo Coelho: "Escoger un camino significa abandonar otros".

www.IsmaelCala.com

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