• Feb. 11, 2015, media noche

El reciente rebrote de sarampión en Estados Unidos nos recuerda, una vez más, de la importancia de epidemiología como ciencia básica para resguardar la salud pública. Con un método científico y el riguroso uso de información y estadísticas, la epidemiología logra contener, prevenir y eventualmente eliminar un foco infeccioso. Cuando nos apartamos de las intervenciones que son comprobadamente exitosas, el virus vuelve.

Nos tomó un par de siglos de descubrimiento científico para derrotar males como la polio y, en muchos lugares del planeta, el sarampión.

Creo que estamos encaminados a logros similares en la prevención de la violencia. En vez de vacunas y antibióticos como medicinas, pensemos en programas rigurosamente evaluados, como CureViolence o YouthBuild, y por el lado de la información encuestas de victimización y sistemas de estadísticas confiables y de última generación.

El modelo de salud pública para prevenir la violencia es utilizado en ciudades que van desde Cali hasta Houston y Nueva Orleans.

No sólo alcaldes y líderes políticos están sumándose al tren de la salud pública para prevenir la violencia. El modelo es promovido con entusiasmo por algunos policías. Vean el caso del ex policía, John Carnochan. Con un don para la explicación didáctica, el ex Superintendente de Detectives de Escocia ya ha contribuido a este blog contándonos cómo logró parar un espiral de violencia entre pandillas. Hoy, desde la Facultad de Medicina de la Universidad de St. Andrews, Carnochan participó en nuestra Clínica sobre Seguridad Ciudadana en México el año pasado, donde nos explicó los elementos básicos de la salud pública para prevenir la violencia, como parte de nuestra serie de videos tres minutos con un experto.

El folleto en español explica un poco más de qué se trata.

Para Carnochan, el modelo de la salud pública cambia la forma de percibir la violencia. La violencia es un comportamiento que puede ser prevenido actuando en tres frentes: primario, secundario y terciario. El primario utiliza políticas públicas que apunten a la primera infancia y en especial para prevenir la violencia contra la mujer. “Si no frenamos la violencia contra la mujer”, dice, “nunca frenaremos la violencia”.

La prevención secundaria es el trabajo en las escuelas y las comunidades, y la intervención terciaria apunta a las personas que ya cometieron un delito, con un enfoque aquí sobre la rehabilitación y la reinserción.

Carnochan reconoce que el modelo no es una varita mágica, y que los policías y los jueces deben hacer su trabajo. De hecho, en Escocia la policía trabajó con los fiscales para asegurar que la justicia actuase con celeridad en contra de los pandilleros. Pero, al igual que el sarampión que vuelve si nos dejamos de vacunar, no logramos derrotar la violencia sino se toman las demás medidas de manera integral que señala el modelo de salud pública.

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