• Jul. 9, 2008, 4:14 p.m.
Ahora entiendo por qué el presidente Daniel Ortega era el más fiero defensor de las protestas-asonadas que nos castigaron a todos en la década de los 90 y a comienzos del nuevo milenio. Simple y sencillamente era un asalariado de la CIA, Central de Inteligencia Americana, o en su defecto, del gobierno de los Estados Unidos.

Seguramente sobrará quien me diga que esta conclusión a la que he llegado es descabellada y contraria a la realidad.

Pero no, lo sostengo. Nuestro presidente fue un asalariado del “imperio”, puesto que ahora que está en el gobierno, con toda la seguridad del mundo puede decir que quienes le protestan por la carestía de la vida o por las arbitrariedades de las instituciones que se dan a la luz del pacto que él protagoniza con Arnoldo Alemán, son financiadas con dinero de Embajada de Estados Unidos.

Antes, los transportistas eran los grandes aliados del también secretario general del FSLN, y paralizaron el país las veces que quisieron, pese a que el petróleo costaba una décima parte de lo que cuesta ahora.

Hoy, Andrés Lara, Rafael Quinto y otros dirigentes de ese sector, que por cierto no gozan de mucho aprecio entre los nicaragüenses, y que erigieron sus fortunas bajo el alero del partido rojinegro, ya no necesitan de tal padrinazgo y “vuelan con sus propias alas”, por lo tanto el mandatario los señaló de estar siendo patrocinados por el gobierno de George W. Bush, que según él hasta el licor financiaba para que los transportistas se alteraran en los tranques.

Las organizaciones civiles que antes pedían o intermediaban con los presidentes que pasaron durante los 16 años entre los dos mandatos de Ortega para que aceptaran dialogar y entenderse con los dirigentes de las asonadas, por supuesto aliados del actual primer ciudadano, hoy están, según él, de la otra acera y se convirtieron en sus enemigos, oligarcas, peleles del imperialismo, y otras ofensas que salen de sus nada conciliadores discursos.

En cambio los diputados Gustavo Porras y José Antonio Zepeda, que antes se erigían en representantes de los gremios de la salud y de educación, no se han convertido en sus enemigos o voceros de la Embajada de Estados Unidos porque han demostrado total docilidad y no se molestan porque en nada han mejorado las atenciones a los escolares o en los hospitales.

Que me desmienta quien no ha acudido a cualquier escuela pública o centro asistencial, donde si bien no se cobra, se carece de las medicinas básicas.

En igual rango están los estudiantes universitarios, que fueron dirigidos en su momento por el hoy diputado Yasser Martínez, y son conocidos por su férreo apego al seis por ciento del presupuesto, no han caído en desgracia ante Ortega porque extrañamente no han notado que en la actualidad no se contempla la “ayuda” venezolana, aunque antes desbarataban calles, quemaban buses y vehículos del Estado para reclamar su derecho, consignado en la Constitución.

Pues bien, señores, aunque yo no participe de protestas siento que mi bolsillo ha sido tremendamente afectado en los últimos 18 meses, aunque tenga que dar las gracias a Hugo Chávez por hacernos el gran favor de vendernos el combustible más caro de Centroamérica, por lo que me gustaría que Ortega me dijera el mecanismo por el cual se recibe el dinero del imperialismo.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus