• Abr. 16, 2015, 10:43 a.m.

Hay películas que te cambian la vida. O, por lo menos, eso dicen. Para probar la hipótesis, de forma poco experimental pero práctica, decidí preguntar a mis amigos si había alguna película en esta categoría. La respuesta fue un rotundo “sí”. Veamos algunos casos.

A ciertas personas, la gran pantalla les enseñó a ser optimistas siempre, aún en las situaciones más difíciles. ¿Quién no recuerda La vida es bella de Roberto Benigni? La historia de un padre que en un campo de concentración nazi crea un mundo de fantasía para proteger la inocencia de su hijo. La lección aprendida es que lo importante no es tanto lo que pasa, sino cómo lo vives. La leyenda del indomable, con una actuación estelar de Paul Newman, nos muestra que no poseer nada puede ser bueno. El que poco tiene que perder, puede ganar mucho. Uno de mis amigos me dijo: “Luke me enseñó que no hace falta demasiado para salir adelante, solo carácter”, y  añadió: “Nadie te puede derrotar sino te das por vencido”.

Otras películas te salvan la vida, literalmente. Este es el caso de Thin Blue Line. La película mostró que Randall Dale Adams, quien estaba en el corredor de la muerte, no era un asesino. Tras la película se le hizo otro juicio y salió de la cárcel.

En otras ocasiones, el cine ha influenciado a empresas y gobiernos para cambiar sus políticas. ¿Se acuerdan de Super Size Me? Tras el documental, McDonald’s dejó de vender los combos gigantescos. O Bowling for Columbine de Michael More, una historia real sobre la violencia con armas de fuego que hizo que Kmart dejara de vender armas. Otra es Una verdad incómoda de Al Gore, uno de los documentales más taquilleros en la historia de EE.UU. que no solo contribuyó a que ganase el Premio Nobel de la Paz sino que hizo del cambio climático un tema atractivo.

Con todos estos antecedentes, la pregunta es: ¿se podría hacer una película que nos ayude a mejorar la educación en América Latina? La necesidad es clara, ya que en la región casi la mitad de los jóvenes no acaba la educación secundaria. Déjenme que lo repita de nuevo: En las aulas de América Latina no están la mitad de los jóvenes que sí deberían estar.

Entonces, ¿sería posible, en menos de dos horas, mostrar de forma cautivadora, no dogmática y con pasión, los retos de millones de jóvenes en lugares tan diversos como San Salvador y Montevideo para acabar la escuela? ¿Podríamos reclutar al mejor talento de América Latina para contar una historia universal con voces locales?  ¿Tendríamos compañeros de viaje para esta aventura? La respuesta, de nuevo, fue un rotundo “sí”. Gael García Bernal se convirtió en nuestro director creativo y con él vinieron 11 fabulosos directores de cine que cuentan 10 diferentes historias desde una óptica muy personal. Por ejemplo, Pablo Fendrik, director de El ardor y La sangre brota, entiende muy bien la importancia de acabar la secundaria. Él no lo hizo y sabe lo duro que puede ser la vida sin educación y aunque a él le salvó su pasión, el cine, reconoce ser la excepción.

Mariana Chenillo, desde México, retrata los obstáculos que enfrentan los jóvenes con discapacidades. En su corto, Chenillo cuenta qué pasa si eres sordo en un mundo de oyentes y quieres ir a la escuela. Tras verlo, uno se queda con la duda de si el protagonista es el sordo o si el sordo es el sistema escolar al no escuchar las necesidades de los jóvenes.

La violencia, el tema que más preocupa a los ciudadanos en América Latina, tampoco se escapó de El aula vacía. Tatiana Huezo señala cómo la educación es una herramienta poderosa para prevenir la violencia. Pero la trágica paradoja es que, en algunos lugares, hasta las propias escuelas son peligrosas y eso es lo que Huezo muestra en su corto desde El Salvador. Carlos Gaviria, desde Colombia, también investiga los vínculos entre la deserción escolar, la violencia y el bullying, preguntándose , además, qué rol debe jugar el sistema educativo al integrar a los jóvenes que han vivido situaciones de violencia.

El aula vacía no busca cambiarte la vida, pero sí poner su grano de arena para que la deserción escolar esté en la agenda pública de los gobiernos y la sociedad civil. Busca que millones de jóvenes tengan una mejor educación y pasen más tiempo en las aulas aprendiendo, formándose. Déjenme que me corrija: El aula vacía sí busca cambiar la vida. ¿Nos ayudas?

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