• Abr. 18, 2015, 10:10 a.m.

Dios todo poderoso, creador del cielo y de la tierra, creó al ser humano a su imagen y semejanza, le dotó de condiciones para que viviera en libertad y fuese feliz. 

Para que viva  la libertad a plenitud, le realizó dos implantes: a) discernimiento y b) libre albedrío. Mediante el primero le dio la capacidad de percibir y diferenciar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto y actuar en consecuencia; con el segundo le capacita para tomar decisiones de acuerdo a su sano discernimiento y asumir con responsabilidad las consecuencias de dichas decisiones y de sus actos.

En el camino de la vida se moldea la personalidad, proceso en el cual la persona, según los expertos en el tema, la persona está sometida a influencias de orden social, tales como: la familia, la comunidad, las tradiciones, la cultura etc.. obteniendo resultados en el ámbito psicosocial que se expresan en el desarrollo de las emociones, el temperamento, características de la personalidad, la forma de relacionarse con otras personas y los contextos sociales en que tienen lugar dichas relaciones. En todos estos procesos se va modelando el discernimiento y el libre albedrío.

Hemos sido creados para ser libres, sin embargo, cuantas veces nos enfrentamos a situaciones en las cuales nuestra vida esta siendo conducida por creencias o tradiciones que nos han sido inculcadas desde nuestra niñez, y que quizá, nos impiden potenciar el discernimiento y libre albedrío para vivir la vida que quisiéramos llevar.

En ocasiones, nos convertimos en esclavos de miedos, prejuicios, ira, baja auto estima etc.. que nos mantienen atrapados, convirtiéndonos en indecisos, inseguros, codependientes y nos conducen a la infelicidad.

El discernimiento nos da esa capacidad invaluable de considerar opciones, de tal manera, que en ninguna circunstancia nos sintamos atrapados y sin salida; el libre albedrío por su parte, nos capacita para decidirnos por una u otra opción y seguir adelante. La conjugación de ambos nos inyectan de perseverancia y el estado de ánimo necesario para enfrentar adversidades.

En muchas ocasiones hemos escogido hacer algo, quizá son decisiones trascendentales para el resto de nuestras vidas, bajo el criterio que es la única opción que tenemos.  Sin embargo, hay que estar claros, que siempre hay opciones, estas son variadas y diversas, y nadie nos las puede arrebatar; todo está en que activemos el discernimiento, descontaminarnos de tradiciones que no nos edifican, liberarnos de miedos infundados y de prejuicios que nos encierran mentalmente, que son dañinos y pongamos en práctica el libre albedrío. Entonces confirmaremos que estamos llamados a ser libres, a ser sanos de espíritu, de mente y de cuerpo.

El discernimiento y el libre albedrío, es un regalo de Dios, y lo hace con el propósito que seamos nosotros quienes decidamos el estilo y calidad de vida que queremos; si optamos por sus preceptos y mandatos transitaremos por el camino de la bendición, que es el que quiere para nosotros. Como primer paso invitemos a Jesús a nuestra vida y pidámosle sabiduría para utilizar el discernimiento y el libre albedrío  y tener una vida de bendición para nosotros y nuestra descendencia. Dígale: Señor Jesús abro mi corazón y le acepto como Señor y Salvador de mi vida.

 

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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