• Mayo 19, 2015, 3:32 p.m.

En el contexto de la celebración del Día de las Madres, quisiera rendirle honra y mostrar mi respeto a esas miles de mujeres que contribuyen o se encargan de la crianza de niñas y niños que por diversas circunstancias no cuentan con la presencia física a tiempo completo de su madre biológica.

En mi experiencia de vida, tuve el privilegio de contar con una abuelita paterna excepcional quien a los 62 años asumió el rol de segunda madre o madre sustituta de 3 niños y 2 adolescentes, debido a la muerte repentina de mi adorada madre cuando yo rondaba los 9 años de edad.

Los últimos 15 años de su vida los dedicó por entero a cuidarnos, a prepararnos para enfrentar las vicisitudes de la vida; a compartir alegrías y tristezas con sus nietos. Durante ese tiempo, la etapa de vida -tercera edad- por la que transitaba no fue impedimento para entregarse sin descanso y sin quejas a llevar a cabo la tarea que por amor,  con amor y valentía asumió en el momento que debía de hacerlo.

En los tiempos actuales, miles de mujeres han incursionado en el ámbito laboral, y aquellas que tienen hijos(as) pequeños(as), requieren del apoyo decidido de otras personas para responder a las demandas laborales y a las que plantea la crianza y el cuido de sus criaturas.  

Generalmente, ese apoyo lo encuentran en un miembro femenino de la red de parentesco, que suele ser la abuela, materna o paterna. Ella actúa como madre sustituta, asumiendo la mayor parte de las funciones que a las madres corresponden en el modelo de familia tradicional. En otras ocasiones es una persona ajena a la familia, quien, a cambio de una remuneración económica, asume ese papel.

Reconocimiento

En cualquier caso, a estas personas que por diversas causas y circunstancias asumen parcial o totalmente el cuido y a veces hasta la crianza de niños y niñas,  que aún cuando no estuvieron en su vientre les dan cariño y contribuyen a su formación, nuestro respeto y honra.

Me encontré con un poema, de autor(a) que no he logrado identificar, que me parece apropiado para describir la abnegación que miles de mujeres, entre ellas mi amada abuelita, mi segunda madre, prodigan a niños y niñas a quienes entregan tiempo y dedicación invaluable.

“Como si fueras ella mis triunfos festejas, y el amor como un fiel espejo reflejas. Como si fueras ella, mis dudas alumbras, alejándome de las penumbras, rodeándome de ternura, bondad y amor, buscando cómo aliviarme cuando tengo dolor. Como si fueras ella, tus brazos hacia mi extiendes, me mimas, me regañas, me consientes, me escuchas, me animas, me comprendes, me guías, me hablas con verdad y todo de mi entiendes. Como si fueras ella, te vistes de dulzura cuando me miras, te sientas a mi lado para que cuanto me pasa te describa, por eso también te llamo mi mejor amiga, que siempre está conmigo y nunca me ignora. Como si fueras ella”.

Pidamos a Dios por la vida de esas mujeres que a muchas(os) nos ayudaron a ser lo que hoy somos. Pidamos a Jesús que ponga gratitud en nuestro corazón para reconocer y agradecer lo que ellas hicieron por nosotros(as).

  • Queremos saber de ustedes, les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com
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