• Jun. 16, 2015, 9:28 a.m.

Soy abuelo de cinco nietos, cuyas edades oscilan entre los 23 años el mayor y los 9 meses la menor; el primero nació cuando yo rondaba los 44. Me inicié como abuelo siendo un hombre joven. Ser abuelo joven me ha permitido participar de momentos importantes en la vida de mis nietos: graduaciones; competencias deportivas; actos culturales; cumpleaños; etc.. En fin, hemos compartido alegrías y tristezas, risas y llantos, ilusiones y desilusiones, triunfos y derrotas.

Nietos y nietas han sido y son como un reconstituyente que energizan, dan sentido a mi  vida  y estimulan a continuar en la lucha diaria para apoyarles en sus proyectos personales.
La etapa de abuelo, ha significado una excelente oportunidad para darle a mis nietos lo que no le pude dar a mis hijas e hijos, tiempo; debido a conductas basadas en  creencias erróneas, particularmente aquella que muchos asumimos como verdad absoluta: el hombre dedicarse a trabajar para generar ingresos y proveer la casa; y la mujer al cuido de los hijos.
 
De igual manera en esta etapa, he tratado de transmitir principios y valores, así como, identidad familiar, que sepan de nuestras raíces familiares, que conozcan costumbres, que se sientan protegidos,  amados, con ese amor que todo lo da sin esperar nada a cambio.

En fin, sobre la base de mi experiencia, considero que los abuelos por lo general manifestamos paternidad con experiencia, somos proclives a persuadir e influenciar conductas de nietos y nietas, mas que reprimir, y quizá debido a ello, es que a veces pareciera que propiciamos estilos de crianza permisivos, y a juicio de algunos padres, en estas circunstancias tendemos a debilitar su autoridad.

Recientemente escuchaba a una joven lamentarse y recriminar a su madre  por, según ella, estar consintiendo mucho a su hijo de 6 años. Manifestaba que le estaban quitando autoridad, pues cuando ella corrige (pega) la abuela pone el hombro para que llore el nieto y apapacharlo, y eso es interpretado como censura y por ende socavamiento a la autoridad de la madre.

Estamos viviendo tiempos de cambios sociales y económicos importantes, cada vez más mujeres madres ingresan al ámbito laboral, lo cual demanda de estrategias adecuadas para atender a hijas e hijos, por lo general se recurre a abuelas y abuelos, quienes se convierten en apoyo indispensable para que dichas madres realicen sus actividades laborales.

En estas circunstancias hay que evitar conflictos familiares que a veces tienen su origen en  actitudes inducidas por celos de padres hacia abuelos, y para ello, es necesario definir roles con claridad: los abuelos somos un apoyo importante y necesario para el cuido de los nietos, mientras la responsabilidades de los padres, está referida a la educación y formación de los hijos, a establecer normas de comportamiento y límites correspondientes.

Abuelos y abuelas amamos a nuestros nietos, pero no somos sus padres.  Pidamos a Dios que por amor a nuestros hijos y nietos, sepamos respetar los límites, que estemos claros que no debemos sobre involucrarnos en su crianza. Que debemos dar consejos, trasmitir experiencias, proporcionar apoyos, cooperar en el proceso de formación; pero las decisiones referidas al quehacer de nietas y nietos corresponden a los padres.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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