• Jun. 29, 2015, 2:59 p.m.

Un estimable lector, haciendo referencia al escrito publicado la semana pasada “Honra a la memoria de mí padre”, se congratulaba por la clase de padre que describí en dicha columna. Refiere que su gran aspiración ha sido tener un padre con esas características, un padre que siempre desea y quiere lo mejor para sus hijos, verlos progresar, felices, que sean amigos y propicie una relación de confianza con sus hijos.

En su correo se lamenta, diciendo: “El mío nunca me ha dado afecto ni la atención debida, no quiere lo mejor para mí, todo lo contrario, siempre ha sido grosero, agresivo, no quiere que yo salga adelante y me supere, creo que no se merece ni siquiera un insulto de mi parte, es más, en este momento siento que estoy perdiendo mi valiosísimo tiempo escribiendo estas líneas contra él. Me pregunto, dice ¿tengo un padre o tengo un enemigo?”.

Desde mi perspectiva él tiene un padre, no un enemigo, y sin pretender justificar, lo más probable es que esa persona esté manifestando comportamientos aprendidos en la relación con su progenitor, y esté guiado por creencias equivocadas.

La Biblia dice: “Honra a padre y madre, para que tengas larga vida y te vaya bien en todo”. Para nosotros los creyentes, la Biblia es palabra de Dios, lo que nos compete es honrar, independientemente del comportamiento de los padres. A esta persona y cualquier otra que esté pasando por una situación semejante en la relación con su padre, le digo que honre y además perdone, el perdón es la llave para sanar el alma, erradica el rencor, abre puertas hacia una vida mejor y libera de reproducir dichos comportamientos con los hijos.

Los padres de familia debieran proponerse a responder a esas demandas de atención y afecto que hacen sus hijos, en el tanto, con ello se  edifica su autoestima y adicionalmente se fortalece el rol de liderazgo que a los padres corresponde cumplir en la familia; de lograrlo, se colocan en una mejor posición para educar a los hijos en principios, valores y buen comportamiento, para que sean ciudadanos con carácter correcto y que triunfen en la vida.
Muchos padres han sido contaminados y están apropiados de creencias erróneas, que se han convertido en  muro invisible que les separa de sus hijos;  por ejemplo, desatenderlos por asignar primera prioridad a las ocupaciones laborales; no dar afecto, sobre todo al hijo varón, bajo la creencia por demás equivocada, que ello es signo de debilidad u otras causas, etc.

Los padres deben disponerse a la reflexión y renovación del entendimiento, asumir el rol que les corresponde y conducirse guiados por creencias y conductas correctas, tales como: expresar emociones y afectos adecuada y oportunamente; participar activamente en la formación integral de los hijos; renunciar a la violencia intrafamiliar, en cualquiera de sus manifestaciones; dedicar tiempo en cantidad y de calidad a los seres queridos y compartir responsabilidades y tareas del hogar junto a la pareja.

Padres les instamos a invitar a Jesús a su corazón, a pedirle sabiduría, valentía, fortaleza para renovar creencias y efectuar cambios de conductas en la relación con los hijos.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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