• Jul. 6, 2015, 6:01 p.m.

Por Florencia López Boo y Pedro Cueva Rodríguez.

Ya estamos más que acostumbrados, y quizá también un poco molestos, de que los países de América Latina ocupen siempre los peores puestos en PISA. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué los pocos países de la región que se presentan se encuentran al final de la lista del informe PISA? ¿Y por qué los alumnos de Finlandia siempre están en el top 5 del desempeño escolar?

Uno podría pensar, con cierta malicia, que la razón por la cual los finlandeses siempre sacan “buenas notas” quizá sea porque se preparan con mucho empeño para estas pruebas, pero parece que es justamente lo opuesto: su visión de la educación es holística y “relajada”. De hecho, piensan en una persona educada como aquella con una vida más plena y con mayor disfrute.

En Finlandia, los niños no empiezan la escuela hasta los 7 años de edad. Además, su sistema educativo no se basa en el estudio, sino que los niños se dedican a jugar y relacionarse con sus compañeros, sobre todo en los primeros grados. Por el contrario, en nuestra región, países como Brasil, Argentina y Uruguay han establecido la obligatoriedad del preescolar desde los 4 años.

En una entrevista reciente, Jari Lavonen, decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Helsinki (Finlandia), señaló que en las escuelas de su país es donde menos horas de clase y cantidad de deberes y tareas tienen los niños, donde los recreos son más largos, y donde la educación formal comienza más tarde en comparación con el resto del mundo. Particularmente, una de sus declaraciones ocupó el protagonismo de las portadas de los periódicos y generó una gran polémica: “Un niño de 4 años necesita jugar, no ir a la escuela”.

Las últimas noticias de Estados Unidos -donde se escucha hablar sobre el “free range parenting”, un modelo de crianza que apuesta por dar más libertad a los niños y donde los padres no son tan hiperprotectores como lo son los “padres helicóptero”- combinadas con las noticias de Finlandia me hacen reflexionar. ¿Quizá el sistema educativo no es el único factor determinante en los buenos niveles de matemáticas, lectura y/o ciencias de los niños finlandeses? ¿Quizás sus pautas de crianza son diferentes a la nuestras?

Por ejemplo, la libertad que se le da al niño en Finlandia se vería con mucho asombro desde este lado del Atlántico. En este país nórdico, los niños desde los 8 años de edad no son acompañados por un adulto durante el camino de casa al colegio y además también juegan solos en el parque con sus amigos con total normalidad. De hecho, luego del colegio también permanecen sin compañía en sus hogares a la espera de que sus padres vuelvan a casa después de la jornada laboral, sin que esto sea interpretado como abandono infantil (en este interesante video una maestra compara estas y otras diferencias de los estilos educativos y de prácticas parentales entre Finlandia y otros países desarrollados). Sin embargo, también cabe mencionar que este país escandinavo posee un nivel de desigualdad y criminalidad bajo en relación a Latinoamérica (Índice Gini de 0.27 en Finlandia vs 0.43-0.57 en LAC, y 2 homicidios por cada 100.000 habitantes en Helsinki, Finlandia vs. 3.9 en Santiago de Chile, 4.5 en Buenos Aires, 16.5 en Bogotá y 102.2 en Tegucigalpa). Claramente esto juega un rol decisive.

Por supuesto que los recursos financieros también son importantes: en Finlandia ser maestro es una profesión respetada, con un proceso de selección complicado (de 3.000 aspirantes a la facultad de magisterio, acceden solo unos 120 estudiantes) y está bien remunerada. Además, las clases no son impartidas por un solo profesor sino que éste suele estar acompañado de personal de apoyo para atender mejor a los chicos durante las clases. Por ejemplo, en Finlandia hay 14 alumnos por profesor en educación primaria, mientras que en Argentina son 16, en Chile son 21, en Colombia son 25 y en Honduras, por poner algunos ejemplos, son 34 alumnos por maestro. Esto último, junto a una buena infraestructura y materiales, hace que los niños estén en unas condiciones más adecuadas para su aprendizaje y desarrollo de sus capacidades.

Ahora, ¿este alto costo derivado de tener menos alumnos por aula o maestro puede ser asumido solamente por los países ricos? Según la oficina europea de estadística, EUROSTAT, el coste por alumno en Finlandia, en términos de paridad de poder adquisitivo se situó en el año 2011 en 7.716 euros. Esta cifra no es muy superior al coste que hay en la media de los 28 países de la Unión Europea (6.846 euros por alumno), sin embargo, es muchísimo menor que en Estados Unidos (11.308 euros por alumno) que está en el puesto 36 en PISA.

¿Qué puede aprender América Latina de Finlandia? Lo que yo rescato del caso finlandés es el enfoque sistémico en vistas de la educación y desarrollo de los niños. Es decir, conscientes (o no) del rol importante de los padres, en Finlandia existen generosas licencias de maternidad y paternidad (que pueden alargarse hasta 3 años), además de otros beneficios que permiten conciliar la vida laboral y familiar. Por otra parte, las escuelas se ajustan a las necesidades del niño (con horarios cortos, comidas, deberes), más que a la conveniencia de los padres; y dedican mucho espacio al juego. Asimismo, la ideología política de los gobernantes no influye en las políticas educativas: por ejemplo, la última ley educativa, data de los años 80.

¿Qué más creen que podemos aprender del país con la mejor nota? ¿Qué posición obtiene tu país en el informe PISA? ¿Qué puede mejorarse del sistema educativo de tu país? ¿Cuál de las medidas finlandesas te parece la más acertada y cuál la que menos? Déjanoslo saber escribiendo un comentario en este blog y también a través de nuestra cuenta de twitter @BIDgente . ¡Síguenos!

  • Pedro Cueva Rodríguez es licenciado en Economía por las universidades de Oviedo (España) y Maastricht (Países Bajos), con maestría en ‘Economía: Instrumentos del Análisis Económico’, que actualmente trabaja en la División de Protección Social y Salud del BID.
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