• Jul. 13, 2015, 9:16 a.m.

Empresas como Uber, Waze, TaskRabbit, Zipcar o AirBnB están creando una nueva modalidad de hacer negocios, modalidad que se conoce como la “economía del compartir”, o sharing economy. El éxito que están alcanzando estos emprendimientos se basa en el valor que deviene de compartir información por parte de los consumidores, ya sean vehículos de alquiler, información del tráfico, talento humano o habitaciones para rentar. También radica en la posibilidad de aprovechar mejor activos que están siendo subutilizados y en una reducción en los costos de transacción. Pero estos factores no serían suficientes si no redundan en una mejor calidad y/o reducción de precios para los usuarios.

La premisa fundamental de estos negocios radica en la posibilidad que hoy existe de poder escuchar a los consumidores porque tienen algo importante para compartir. Los clientes de estas empresas comparten datos que generan valor económico, e incluso con un importante potencial social, y que tiene como contraprestación, mejores productos a más bajo costo. Resulta válido preguntarse entonces, ¿qué pueden aprender los gobiernos de estas empresas?

Se están dibujando nuevos organigramas empresariales que integran cada vez más a los consumidores, no solo en el desarrollo mismo del negocio, sino en la gestión compartida de ciertas funciones empresariales. Cabría pensar en servicios públicos que consideren en su concepción y operación a los ciudadanos. Las empresas como Uber o AirBnB son capaces de crecer con inversiones menores y con un alcance a gran escala. Uber, por ejemplo, cuenta con menos de 2.000 empleados y una valoración de mercado de 40 billones de dólares.

Desde el ámbito público cabe preguntarse entonces: ¿cómo podemos aprovechar los datos que generan a diario los ciudadanos para adaptar y mejorar los servicios públicos?; ¿existen activos subutilizados en el aparato estatal para los cuales se podría maximizar su valor de uso? y ¿es posible desde los gobiernos aprovechar el potencial de transacciones punto a punto y a escala masiva con bajos costos de mediación?

Para ejemplificar mejor el tipo de soluciones que se podrían promover, veamos algunas posibilidades:

1. Sensores y datos que provengan de los contenedores de residuos de la ciudad, con información de llenado y uso de los mismos, nos podrán ayudar a planificar mejor la distribución de los mismos y los recorridos de los camiones de forma de optimizar el uso de recursos físicos y humanos. Una especie de Zipcar público.

2. A través de análisis predictivos de los datos relacionados al consumo de energía y otros, será posible planificar mejor inspecciones sanitarias de restaurantes y/o locales con expendio de alimentos.

3. Una flota de vehículos públicos que genere datos precisos sobre sus niveles de uso y sub-utilización podrá generar un sistema para compartir vehículos con otras reparticiones, mejorar el aprovechamiento de esos recursos y planificar mejor la renovación de la flota. Una especie de Uber público.

4. Debido a que hay capacidades profesionales y técnicas del aparato público que son muy difíciles de cubrir para todas las áreas de la administración, estas se podrán compartir con otras áreas gubernamentales. Una especie de TaskRabbit adaptado a la función pública.

5. Será posible crear plataformas de intercambio y gestión de la información que nos permitan vincular la oferta y el reclutamiento de personal en el ámbito público a través de los centros de formación.

6. Crear plataformas para vincular emprendimientos sociales, por ejemplo vinculados a la construcción de viviendas, con pequeñas empresas proveedoras de servicios para el sector de la construcción. Se podrá mejor la comprensión de los hábitos del transporte público mediante la sincronización de los datos de viaje que generan los celulares cruzados con otros datos socioeconómicos que revelen un patrón de preferencias.

Estas son sólo algunas de las posibles formas en que los gobiernos pueden explorar el uso de aplicaciones tecnológicas para impulsar una mejor prestación de servicios, una mejor relación calidad-precio y promover la innovación. La economía del compartir tiene mucho para aportar a los gobiernos.

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