• Jul. 27, 2015, 10:31 a.m.

Las conductas agresivas son producto de procesos de aprendizaje influenciados por el entorno social. Se sabe de muchas personas a quienes las circunstancias les han llevado a ser agresivas, pero en algún momento de sus vidas, han experimentado sucesos que marcan un antes y un después en su existencia.

Existe infinidad de casos a lo largo de la historia, que dan testimonio de estos cambios de conducta. Hoy quiero referirme a un personaje de la historia antigua conocido como Barrabás.

Este personaje cuyo nombre según la Biblia Kadosh, es Yeshua Bar-Abba, fue un líder del movimiento religioso-político-militar denominado Zelotes, que luchaban contra la ocupación del imperio romano.

Barrabás es descrito por el investigador y escritor Sean Young, como un guerrero feroz, la fuerza que lo impulsaba y le inyectaba una agresividad que rayaba los límites de la crueldad cuando de enfrentar a sus enemigos se trataba, era el odio a la Roma imperial.

El odio que motivaba conductas agresivas en Barrabás hacia los romanos, se remontaba a su niñez. A la edad de cinco años, inició su aprendizaje de odio, cuando observó como un grupo de soldados romanos asesinaba a su padre.

La personalidad de Barrabás estaba tan contaminada de odio y sus comportamientos de violencia, que cuando escuchó del mensaje de amor, incluso hacia los enemigos, de perdón y libertad que predicaba Jesús de Nazaret,  abiertamente lo descalificó porque, a su juicio, Roma era una nación violenta y la libertad solo procedería de un líder igualmente violento; además, decía que Jesús de Nazaret no podría ser el Mesías porque si lo fuera, no hablaría de amor ni de perdón, sino que andaría con una espada en la mano para usarla contra Roma.

Pero ese hombre, capaz de matar sin misericordia a sus enemigos, amaba profundamente a su esposa Leila, que un día fue secuestrada para usarla de rehén a cambio que él se entregara a los romanos.  

En estas circunstancias supo que necesitaba un milagro. Por primera vez en su vida no se sentía capaz de manejar la situación por sí solo. Su ayuda tendría que proceder de alguien superior a él.

Se dice que con dificultad dobló sus rodillas y clamó a Dios, lo hizo en el nombre de Jesús de Nazaret, como a menudo lo hacía su esposa Leila, que era seguidora de Jesús. Oró proponiéndole un trato a Dios: Regréseme a mi esposa y yo le serviré, pediré perdón y perdonaré, seré un hombre de paz y nunca más haré daño a nadie.

Después de orar algo en su interior tomó el control de la situación, se sintió investido de una fuerza superior y luego de realizar variadas acciones, el milagro llegó, recuperó a su esposa, fue lleno del amor de Dios y entonces el odio, la agresividad y la violencia que dominaban su ser, fueron superados y sustituidos por amor y mansedumbre. Se cumplió la promesa ¡Clama a mí que yo te responderé! Jeremías 33:3.

Amiga, amigo, le invito a tomarse de la mano de Jesús, dígale: Jesús mío yo le acepto como Señor y salvador de mi vida, le pido que sea usted llenado de amor, de mansedumbre mi corazón y el de todas las personas, que conductas agresivas y violentas sean erradicadas de mi corazón, mi hogar y de mi país.

  • Barrabás es descrito por el investigador y escritor Sean Young, como un guerrero feroz, la fuerza que lo impulsaba y le inyectaba una agresividad que rayaba los límites de la crueldad cuando de enfrentar a sus enemigos se trataba, era el odio a la Roma imperial. El odio que motivaba conductas agresivas en Barrabás hacia los romanos, se remontaba a su niñez.

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