• Ago. 17, 2015, 9:57 a.m.

Los Bancos Centrales son los entes ejecutores de la política monetaria de cada país y sus orígenes se remontan a la aparición de dos bancos. El Sveriges Riksbank (Banco Nacional de Suecia), fundado  por Johan Palmstruch como banco privado y llamado Stockholms Banco, abrió sus puertas  en 1656; fue el Rey Carlos X Gustavo de Suecia quien lo escogió  para que asumiera la administración de préstamos y operaciones de cambio del estado, pero este tuvo que ser liquidado en 1664. El parlamento decidió reabrirlo en 1668 y cambiarle el nombre a Banco de los Estados del Reino, y hasta 1867 es renombrado Sveriges Riksbank (El premio Nobel de Economía  se llama Premio Severiges Risbank).

El segundo fue el Banco de Inglaterra, fundado en 1694 por el primer Conde de Halifax Charles Montagu, para “actuar como el banquero del gobierno y su administrador de deuda”.  A principios del siglo XX solo existían 18 bancos centrales; hoy por hoy hay 173. La Reserva Federal (FED), banco central de los Estados Unidos fue fundada hasta 1913, en gran parte como respuesta al pánico financiero de 1907. El Banco Central de Nicaragua se fundó en 1961, bajo la administración del Ing. Luis Somoza Debayle, y su primer presidente fue el Dr. Francisco Laínez Matamoros.

El objetivo primordial de un banco central es garantizar el correcto desempeño del sistema de pagos, tanto internos como externos, y la estabilidad de la moneda nacional. Para Eduardo Lizano Fait, ex presidente del Banco Central de Costa Rica, las funciones del Banco Central se pueden resumir en dos: “La primera, propiciar una adecuada liquidez a la economía. Y la segunda tarea básica del Banco Central consiste en mejorar la función de la intermediación financiera”. En cuanto a estas funciones, podemos decir que el banco central cuenta primordialmente con dos instrumentos; las operaciones de mercado abierto y el encaje mínimo legal.

Mediante las operaciones de mercado abierto (OMA) el banco central puede inyectar o retirar liquidez (dinero) a la economía con la intención de motivarla o frenarla y sostener el crecimiento de los precios de los bienes y servicios, comprando o vendiendo sus propios títulos.

El primer banco central en usar este instrumento fue la FED y según Federic Mishkin, fue por accidente. Después de la recesión de 1920–1921 los descuentos de préstamos se redujeron considerablemente, por lo que la FED se encontró con problemas para generar ingresos. De ahí que resolvió comprar valores que le generaran intereses, dándose cuenta que al hacerlo aumentaban los depósitos en los bancos comerciales y por ende el crédito. De aquí en adelante, las OMA se convirtieron en el instrumento de política monetaria preferido de la FED.

El otro instrumento es el encaje mínimo legal (EML), el cual consiste en la obligatoriedad de los bancos comerciales de mantener un porcentaje de las obligaciones con el público depositado en el Banco Central. En la medida que el BC aumente el porcentaje requerido, los bancos comerciales tendrán menos para prestar y por ende habrá menos dinero en circulación, menos gasto y menor presión inflacionaria.

Lo contrario se daría si el BC decide bajar el porcentaje de encaje. Independiente del instrumento utilizado, al inyectar o retirar dinero a la economía el banco central influye directamente en la tasa de interés, que no es otra cosa más que el precio del dinero y refleja su escasez. Si la oferta de dinero se contrae, el dinero es más escaso y su precio tiende a subir. A tasas mayores, las personas y empresas se endeudarán menos, cayendo el gasto.

Por el contrario, al expandirse la cantidad de dinero la tasa reflejará su abundancia y bajará, enviando la señal de que es barato endeudarse. Parece simple, pero saber qué tanto expandir o cuánto contraer es sumamente impreciso. De aquí que algunos economistas concluyan que los BC no deberían de existir. Para Milton Friedman (1912-2006), la única forma de evitar la inflación sería no tener banco central.

En el caso de la crisis del 2008, muchos analistas sostienen que las políticas monetarias expansivas fueron uno de sus causantes. El Fondo Monetario Internacional concluyó que esa crisis se originó (sin ser la única causa) en un “prolongado período de excesiva liquidez global inducido en parte por tasas de interés relativamente bajas determinadas por la Reserva Federal y otros Bancos Centrales después de la recesión del 2001 en los Estados Unidos”.

Las políticas actuales de flexibilización cuantitativa de la FED y el Banco Central Europeo (BCE) de inyectar dinero a sus economías para sacarlas de su estanco, podrían ser las causantes de otras burbujas financieras en el futuro. En Nicaragua la base monetaria creció en 450% entre 1970 y 1980, mientras que entre 1980 y 1990 la misma creció 95 mil por ciento, resultando en una inflación de 33,602% en 1988. Desde 1993 la política monetaria se ha manejado con mucha prudencia y el reto es mantenerla separada de los intereses políticos y partidarios, recordando que esta por sí sola no resuelve los problemas económicos del país, pues, como dijo Ben Bernanke, la política monetaria no hace mucho por el crecimiento a largo plazo,  como sí lo hace contar con instituciones fuertes y seguridad jurídica.

*El autor es economista

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