• Sept. 19, 2015, 7:01 p.m.

En los últimos días, medios de comunicación han estado informando acerca de acciones violentas entre grupos civiles en el norte del Caribe nicaragüense. Como resultado de estas acciones se habla de personas heridas y hasta fallecidas, es decir, estamos ante acontecimientos en donde se arriesga el activo más preciado con que contamos los seres humanos que es la vida.

Estamos frente a actitudes de hostilidad caracterizadas por un componente afectivo que activa estados emocionales, tales como: molestia, ira, desprecio, odio; y un componente conductual expresado en acciones violentas.

La realidad es que no debe existir justificación para esta situación. Urge que todos los sectores: políticos, sociales, empresariales, gremiales y religiosos, a una sola voz, llamen a encontrar una solución que a lo inmediato detenga acciones violentas, se preserve la vida y retorne la paz a dicha zona.

Amigas y amigos, somos seres sociales, hemos sido diseñados para establecer relaciones con Dios; con nosotros mismos; y con nuestro prójimo; es decir que las relaciones interpersonales son inherentes a nuestra existencia. Desde siempre construimos vínculos de interdependencia, dependemos de personas, y personas dependen de nosotros; aportamos a otros y nos aportan a nosotros, y en esta interacción el respeto y la tolerancia es determinante para la convivencia pacífica.

Cada ser humano es único, cada quien tiene sus propias creencias, intereses,  gustos, hábitos, costumbres, comportamientos etc.…, lo que significa, que establecemos relaciones con personas diferentes a nosotros, por lo tanto, en la vida cotidiana debemos enfrentarnos a actitudes y comportamientos que no necesariamente son de nuestra total aceptación, consecuentemente si no estamos preparados para aceptar y respetar las posiciones de los demás, corremos el riesgo de ser atrapados por la intolerancia,  el enojo, la ira, etc...

La desavenencia y el enojo son inherentes a las relaciones sociales, por lo que debemos saber manejarlos. La biblia en Efesios 4:26 se refiere a este tema: “Enójense, pero no pequen, que no se ponga el sol sobre su enojo”. Debemos asumir con responsabilidad las relaciones interpersonales, y decidir cómo canalizar el enojo, resultante de las diferencias con las demás personas.

Debemos interiorizar que el enojo es una emoción, por lo tanto es volátil, así como aparece desaparece. Por su parte la violencia es un comportamiento aprendido en la vida, así como se aprende se desaprende. El comportamiento violento es una decisión, que no tiene ninguna justificación.

Actuar con responsabilidad en situaciones conflictivas implica luchar consciente y oportunamente contra la ira, y ello se puede lograr siendo respetuosos y tolerantes con los comportamientos de los demás, empleando todos los métodos posibles para evitar la violencia.
Desde esta columna queremos hacer un llamado a las partes involucradas en el conflicto, a las autoridades y a todos los sectores del país a poner todo el empeño en contribuir a resolver esta situación.

A los cristianos nos corresponde pedir en oración a Dios para que ponga sabiduría y mansedumbre en los corazones de esas personas; que se dispongan a  resolver desavenencias mediante el diálogo, que la violencia sea desactivada, que las armas sean la tolerancia y el respeto y que se restablezca la paz y la tranquilidad de esa zona.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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