• Oct. 11, 2015, 7:14 p.m.

Nicaragua está llamada a prosperidad. En los últimos 25 años, hombres y mujeres de Dios han profetizado acerca del porvenir de este país, todos coinciden en la prosperidad que está en camino. 

En 1991 en Guatemala se proclamó profecía, que entre otras cosas dice: “Yo les levantaré… porque han sido fieles para pasar por ese fuego y no han perdido la confianza en mí, si no que se han agarrado a mi Palabra, se han aferrado a mis promesas. No miren en la dimensión natural, miren en la dimensión del espíritu... Intercedan, no se suelten, porque voy a abrir los cielos. Derramaré una bendición sobre ustedes que no podrán contenerla, que rebalsará sus fronteras. Irán a todas las otras naciones, la gente verá esto y dirá ¿qué es esto? Nicaragua se ha desatado y ahora está llevando luz a las naciones….. Es maravilloso a mis ojos --dice el Señor-- porque a los débiles Yo los haré fuertes. Los he bajado a cero para que les pueda levantar con mi poder de resurrección”.

Los nicaragüenses debemos agarrarnos de la promesa y marchar hacia la tierra de bendición que Él nos ofrece. Para comenzar el Señor nos ha liberado del Egipto en donde estábamos esclavizados, ese Egipto cuyas expresiones eran la violencia generalizada, la guerra entre hermanos, la división de la familia, la escasez y penurias económicas, etc.. Hoy transitamos por la etapa del desierto, enfrentando todas las dificultades que ello implica, pero siempre guiados por el espíritu hacia la meta, a la cual indefectiblemente un día llegaremos, porque Él está abriendo los cielos sobre nuestro país.

El desierto encierra amenazas y peligros, que si las vemos en la dimensión humana pueden inducirnos a rendirnos y optar por regresar a la esclavitud de la violencia, pero si lo hacemos en la dimensión espiritual y nos aferramos a la promesa lograremos la liberación total en paz y prosperidad. 

En los últimos días hemos estado escuchando noticias de violencia y vandalismo en dos municipios, so pretexto de supuestas injusticias cometidas contra algunas personas. Estos actos no son más que conductas propias de épocas pasadas que nunca deben regresar.

Gracias a Dios, es una minoría de nicaragüenses la que manifiesta estos comportamientos, la mayoría, aproximadamente el 95.0%, rechazamos la violencia y el vandalismo, creemos que son injustificables e inaceptables y hemos optado por abrazar una cultura de paz.

El espíritu de violencia se esconde en el corazón de algunas personas, esperando el momento propicio para activarse y ese momento generalmente es una situación (llámese despido o reclamos no atendidos, etc.) que el violento percibe como injusta. 

Conforme al libro de Eclesiastés podemos afirmar que el tiempo de matar, destruir, llorar, de lamentarse, ya es historia en Nicaragua; estamos en el tiempo de proteger la vida, edificar, reír y gozarnos; porque esa es la promesa de Dios para nuestro país. 

Nos unimos a las voces de la mayoría de nicaragüenses que llaman a la concordia a quienes tratan de imponer por la fuerza, la violencia y el vandalismo sus supuestos derechos, y les instamos a tomar conciencia de que  la justicia verdadera se encuentra en el diálogo, el respeto, la reconciliación y el perdón, y que Nicaragua no les aprueba porque ha optado por una cultura de paz.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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