• Oct. 18, 2015, media noche

El alma, desde mi punto de vista, es real y tiene una expresión física que se ubica en áreas del cerebro, cuenta con un contenido espiritual, inmaterial, intangible que se expresa en pensamientos, sentimientos, emociones y voluntad.

El alma, de la misma manera que el cuerpo, demanda alimentos para su funcionamiento. El alimento que le proporcionamos puede ser saludable o insano. El alma se alimenta mediante los sentidos y órganos sensoriales.

Somos seres bio-psico-sociales, en el proceso de desarrollo de las personas, en concordancia con el alimento que se le proporcione se van estructurando pensamiento, sentimientos, emociones y voluntad, a partir de los cuales se condicionan las conductas de dichas personas.

Por ejemplo, si una persona se desarrolla en un entorno en el cual se practica violencia, y se acostumbra a ver actos violentos y a escuchar palabras ofensivas y groseras, es probable que esa persona manifieste conductas violentas.

Hay personas que en su proceso de crecimiento son afectadas negativamente en su autoestima como resultado de haber sido sujetos (as) de maltrato en el hogar, la escuela, en el vecindario o cualquier otro lugar.

Estas personas son infectadas de emociones y sentimientos negativos que son canalizados de diversas maneras, una de ellas puede ser, sentir alegría ante el sufrimiento o la infelicidad de otras personas, más aún, si se trata de aquellas que consideran les han causado daño.

Incluso hay quienes le dan rienda suelta a esas emociones y sentimientos negativos mediante la práctica de humor negro, burlándose y haciendo escarnio de las desgracias, errores, problemas familiares y hasta defectos físicos de los demás, algunos utilizan el formato de caricaturas, programas de bromas, cámaras escondidas, etc...

Entendidos en psicología consideran que las personas con autoestima baja tienden a ser menos compasivos con el prójimo y por ende a regocijarse más del mal ajeno. Estos expertos plantean la existencia de una relación directamente proporcional entre autoestima con emociones y sentimientos manifiestos ante los problemas de los demás. La relación se puede proponer de la manera siguiente: decime qué tanto disfrutas de las desgracias de los demás, y te digo de qué tamaño es tu autoestima.

Cuando la autoestima ha sido dañada, la persona no solo se congratula con el mal ajeno, si no que, lo desea, porque en el alma se anidan sentimientos de envidia, rencor y hasta odio.

El alimento más sano para el alma es la palabra de Dios que se encuentra en La Biblia. Y Dios en su inmensa sabiduría, sabedor del inmenso daño que causan estas emociones y sentimientos negativos, nos dice en proverbios 24:17: “No te regocijes cuando caiga tu adversario, no se alegre tu corazón cuando tropiece, no sea que el Señor lo vea y le desagrade y aparte de él su enojo”. 

Debemos poner en sus manos cualquier daño que hayamos sufrido, confiando que Él se encargará de hacer justicia, por lo que no debemos dar cabida en nuestra alma a la envidia o al odio, y no debemos sentir alegría ante las desgracias de la(s) persona(s) que nos puedan haber causado agravio. Por el contrario debemos tener compasión y desear el bien a los demás y más aún a quienes nos han hecho daño.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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