• Nov. 1, 2015, media noche

Vivir en prosperidad demanda libertad. Quienes no son libres difícilmente serán prósperos. Las personas adictas están esclavizadas a sustancias y/o al juego y/o a la lascivia, etc. Las personas agresivas o violentas están sometidas a la ira; las avariciosas están encadenadas al dinero; las personas neuróticas son esclavas de la ansiedad, la impaciencia, miedo etc. Sus pensamientos y conductas están determinados por los dictados del amo que les mantiene en esclavitud.

La programación de la televisión pareciera ser una fábrica de estímulos agresivos, de todo tipo de antivalores, que narcotizan y neurotizan a las personas, propiciando estados depresivos, haciéndoles esclavos de trastornos de ansiedad y diversas enfermedades psicosomáticas.

Jesús sabía que somos prisioneros de emociones negativas, que somos capaces de herir aún a las personas que decimos amar, que fácilmente perdemos la paciencia, que las preocupaciones cotidianas nos atrapan, que tenemos límites, que a veces una pequeña piedra pareciera ser una gran montaña. 

Jesús quería cambiar los comportamientos de las personas, pero nunca recurrió ni a la violencia ni a la presión ni a la manipulación, porque estaba convencido que la libertad es el destino de los seres humanos, y esta se encuentra en el interior del mismo, en la mente, en el espíritu humano.

Jesús quiere que seamos libres y prósperos en todas las áreas de nuestra vida, aquí y ahora, por eso en Juan 8:31 dice: Si permanecen en mi palabra…, conocerán la verdad, y la verdad les hará libres.

Jesús nos libera de la esclavitud. Él vino a proclamar libertad, pero a nosotros nos corresponde esforzarnos y ser valientes; enfrentar debilidades y no rendirnos ante ellas; resistir a la presión; ocuparnos de los problemas y no preocuparnos por ellos; seguir adelante. 

En la dificultad, por muy compleja que parezca se debe buscar: la disciplina, la fortaleza y la sabiduría de Dios, que se encuentra en la oración y en su palabra. Hay que enfrentar los problemas con la convicción que el Espíritu de Dios está con nosotros, y Él es más poderoso que cualquier problema.

Lo que procede es arremangarse las mangas y disponerse a vencer dificultades.

No huyamos de las dificultades, enfrentémoslas. No evitemos los desafíos, aceptémoslos. Nuestro destino es la libertad, pero esta no es un derecho, es un privilegio que se gana a través de la disciplina y la responsabilidad. La libertad no es la ausencia de leyes, sino que es tener una actitud responsable y respetuosa ante ellas. (M. Munroe)

En libertad abundan las pruebas y tribulaciones, sobre todo aquellas que quieren regresarnos a la esclavitud. Para algunos, estas son ataques del “enemigo”, para nosotros dichas pruebas son desafíos y oportunidades para crecer, desarrollarse y mejorar.

En libertad gozamos de paz aún en medio de la tormenta, la vida se hace más llevadera y agradable. Cuando nos disponemos a hacer las cosas al modo de Dios, a enfrentar y perseverar en la prueba, factores esclavizantes como la ira, el odio, las preocupaciones, las adicciones, el pánico, la ansiedad, la impaciencia, la intolerancia, la baja autoestima, la envidia, el  egoísmo, la enfermedad, las peleas, los celos y la codicia, entre otros, quedan sepultados en los pies de nuestros triunfos. Entonces nuestra mente es renovada y se abren puertas.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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