• Ago. 13, 2007, 8:36 p.m.
No escuchen a quien les diga que la película no es muy buena; porque si bien suele suceder que la calidad de algunos contenidos -como libros y comics— disminuyen de calidad cuando pasan de sus formatos originales a películas, no es el caso Los Simpsons.

Antes de verla, a mí me comentó una amiga, estudiante de Derecho de la UCA-de esas que van a Mood´s tres veces por semana— que la “peli no es tan chistosa, y muchos de mis amigos de la U, dijeron lo mismo”, entonces de entrada reconocí, que era una de esas cinéfilas come-palomitas-toma-coca-cola que no debía tomar en serio.

Por casi 20 años Los Simpsons han sido el comics que ha alimentado el imaginario colectivo de una audiencia global -llamaría yo, la ingeniosa pero perversa forma de lo de lo que nos ofreciera Charles Schulz en su momento—y a pesar de que en el fondo, la idea sí es la de ser “chistosa”, evidentemente los filtros de lectura difieren entre uno y otro espectador.

Habré tenido 14 años cuando empecé a verlos por la televisión nacional (los pasaban los domingos por la noche, cuando aún advertían que eran “muñequitos” para adultos); luego los dejé de ver por mucho tiempo, y regresé a ellos hace un par de años para la antepenúltima temporada.

Entonces aprecié mucho más su lenguaje contestatario, la definición de sus esteriotipados personajes, o sus variante en determinados episodios.

También aprendí a gozar del reiterado recurso de intertextualidad que utilizan en sus episodios, introduciendo filmes que nutren la trama diaria.

A esto hay que agregar el plato fuerte de la sátira del día, que suele montarse en temas coyunturales, insertando personalidades del espectáculo o de la política que arriban hasta Springfield.

Pero algo que me costó mucho entender, fue que Los Simpsons tenía un protagonista. Y aunque en todo caso intuí que el protagonista debía de ser Bart, luego alguien me dijo que en realidad era Homero. “Es cierto”, reparé en mi asombro.

Efectivamente Homero Simpson es el personaje conductor de las historias de esa familia que habita en ese “Macondo” de los Estados Unidos. Es el personaje que encarna la mentalidad cuestionable de una sociedad contradictoria, ciega e ingenua, y que sus guionistas usan a su gusto y antojo para después de media hora —entre la risa y la carcajada—dejarnos llegar algún mensaje.

Creo que después de cientos de episodios que hemos apreciado en al pantalla chica, en la que los personajes evolucionan a lo largo sus historias, la película por su parte tiende a llevarnos por un extenso episodio, legitimando las características de los personajes más relevantes.

Argumento de la película

Homero, el antihéroe de la tram —como siempre— engendra en su universo, una de las crisis más sensibles de nuestro tiempo: el problema de la contaminación ambiental, al encariñarse de un cerdo que el judío payaso Krusty utiliza en una de sus comerciales de hamburguesas, y al terminarlo tiene destinado a destazar.

No obstante, Homero con su absurda sensibilidad, apela: “ ¡No pueden matarlo, sí tiene sombrero!”, y como mascota mimada se lo lleva a casa.

Lisa por su parte, como buena Erin Brockovich advierte que el lago de Sprinfilds, contiene altos niveles de mercurio —aunque ya sabemos que la ciudad desde hace rato fue contaminada de uranio por las plantas nucleares del Mr. Burns— y ante un “CPC” logra que el alcalde de la ciudad dicté una alerta para salvaguardar la cuenca.

Por su parte Bart, quien empieza a sufrir de la indeferencia afectiva de su padre por el “rigioso” cariño que le ha tomado al “cerdo-araña”, se refugia en la paternidad puritana del viudo, Ned Flandert.

Ni siquiera Marge logra persuadir a Homero para que se deshaga del cerdo, a pesar de la profecía que se le revela al abuelo Abraham en la Iglesia, pero similar a la loca Casandra, nadie entendería el presagio de la desgracia.

Es inevitable: Homero con el un recipiente hasta “la copa” de desechos del cerdo, como tonto irritante, lleva los desechos hasta el lago, donde detona una epidemia que amerita la intervención del gobierno.

Springfield se vuelve la ciudad más contaminada en la historia del planeta y las autoridades toman la decisión de ponerla en cuarentena, aislándola con un enorme domo que encierra a la ciudad.

Homero descubierto de su ingenuo delito, en una escena al estilo de “El retorno de los cuerpos vivientes” o de inquisición decimogénica, con la ayuda de una “carta bajo la mesa” de Maggi, logran salir del domo y huir con el resto de la familia hacia Alaska.

En Springfield la cuarentena se agravia, y la sociedad aislada empieza desarticularse en panoramas parecidos a las apocalípticas novelas de José Saramago.

El gobierno ha encargando a la PAD dejar caer una bomba atómica sobre esa ciudad para erradicarlos a todos, pero Los Simpsons al ver por televisión a un Tom Hanks que promueve el turismo hacia un nuevo gran Gran Cañón; la familia reconoce que ese lugar será Springfield y con la excepción de Homero, el resto decide regresar a casa y evitar que acontezca la anunciada tragedia.

Pero en la profundidad escondida de su amor por Marge y sus hijos, Homero decide retornar a Springfield, y apoyado por un chaman esquimal que le permite encontrar la seguridad de sus actos, lo lleva a una epifanía silogística: “Las otras personas son tan importantes como yo, sin ellos, no soy nada, y si quiero lograr salvarme, tengo que salvar a Springfilds”.

Y ese inesperado grado de conciencia, que siempre aparece en Homero en los momentos cuando el espectador “rabea” por con sus estupideces, lo devuelve a la travesía hasta reparar sus errores, y devolver la intacta identidad a su Macondo.

Ya todos sabemos…

Todos los que hemos visto los Simpsons, sabemos que Springfield, hace muchos años movió su base fundacional a 13 kilómetros hacia donde está actualmente; sabemos que la población completa está afectada por radiación nuclear por la empresa de Mr. Burns.

También sabemos que el profesor Skinner en realidad se llama Armin Tanzarian, pero usurpó la identidad de aquél durante la guerra de Vietnam y ahora vive con la madre de éste, sabemos que Bart tienen un hermano gemelo que habita en el sótano de su casa y que corrió a la familia Bush cuando fueron sus vecinos por un tiempo.

Que Lisa es budista, que el borracho Barney es el mejor artista de Springfield, que el indú Apu Nahasapeemapetilon se caso sin conocer previamente a su esposa que trajo desde la india, que Smithers es gay, que Selma es lesbiana o que Ned Flanders es como es porque sus padres hippies le practicaron una terapia contra la ira cuando era “gardel”.

En lo personal me parecen fascinaste que podamos registrar estos dosificados detalles que han constituido la Historia de Springfield, por eso creo que la película precisamente tienen el encanto de mostrarnos una síntesis de estos 17 años, con una historia en la que su protagonista, a pesar de sus atrasos, tonterías y absurdo teatro, resalta con su sensibilidad humana.

Los Simpsons recaudaron 96 millones de dólares en su primer fin de semana en la pantalla grande, y no se a cuánta gente la película le resultó “chistosa”, pero creo que es meritorio que el capítulo más extenso de su historia lo hayan dedicado a plantear “el mito” de la muerte del planeta.

Estos fueron mis textos preferidos de la película, ¿Y cuales fueron los tuyos?

“Ya me gustan los hombres”, confiesa para sí Ralph cuando ve pasar a Bart desnudo en patineta.

“¡No pueden matarlo, sí tienen sombrero!” —Homero—.

“El calentamiento del planeta es un mito”, dice molesto Nelson a Milhouse, quien intenta evitar el golpe que le viene diciendo: “Es cierto, se necesiten estudios que lo confirmen”, pero de todos modo se lo ganan. Y Nelson lo reprocha “Eso te pasa por no defender tus creencias”. (Mi favorita)

“Deberíamos besarnos más para romper la tensión”, dice Homero al cerdo-araña.

“Mataste a la ciudad tu solo”, reprocha Marge a Homero

“Eres mujer, debes de reprimir tu enojo”, le dice Marge a Lisa para que apacigüe el enoje contra su padre.

“Bueno, ya son problemas de China”, dice un agente de la PDA, que desiste de seguir disparándole a Los Simsoms luego que se han ido por el sumidero para salir de domo.

“Débiles, rudos, rudos, débiles, débiles, rudos…du-du”, se traba el director de la PDA y responde un agente: “Temo que enloqueció en el poder”…¿No recuerda a algo esa escena al: ¡Hugo, Hugo, Hugo!, del pasado 19 de julio?

“Extraño a Fandert”, dice Bart en su cabanga alcohólica, luego que se había encariñado de la paternidad de Flandert.

“Me siento orgullosa, Bart, llevas 24 horas sin beber”, le manifiesta Marge a Bart cuando empieza su auto rehabilitarse de la cabanga de Flanders.

“Últimamente lo que nos mantienen juntos, es mi capacidad para pasar por alto todo lo que haces”, le reprocha Marge a Homero cuando desiste de la idea de regresar a Springfield.

“Las otras personas son tan importantes como yo, sin ellos no soy nada, y si quiero lograr salvarme, tengo que salvar a Springfield”…epifanía de Homero que lo hace regresar a Springfield, luego que su familia lo ha abandonado.

“Ay, Lisa, no creo que el gobierno escuche las conversaciones de todo el mundo”, dice Marcha antes de que sean detectados por la PDA.

“Soy la mascota perversa de una Corporación”, dice Bart a su mamá con un accesorio que parece Mickey Mouse, escudriñando en las maletas de los pasajeros del autobús de regreso a Springfield.

“Como la ciudad está aislada del resto del mundo, todo cambio un poco”, dice Moe cuando ve llegar a los Simpsons de vuelva a Springfield.

“Arriesgó mi vida para salvar vidas que por razones de otras personas que no entiendo”, dice Homero a su padre, cuando en motocicleta carga la bomba atómica que amenaza a Springfield.

“Dos cosas no enseñan en la escuela de negocios de Harvard: una es a enfrentar la derrota y la otra es a usar un rifle”, dice el director de la PDA, cuando derrotado apunta con un arma a Bart y a Homero, antes de que Maggie -la heroína silenciosa—le dejé caer una roca en la cabeza.

“Aunque no te planeamos, que bueno que hayas nacido”, dice Homero a Maggie, luego de ejecutar ese acto.
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