• Nov. 4, 2015, 11:10 a.m.

Hace unos meses, mientras leía el periódico, encontré una noticia que afirmaba que los programas de televisión para niños menores de 6 años tienen efectos equivalentes a la educación prescolar en el largo plazo. Me bastó con leer el título para pensar que debía haber un error, si no, todos  los problemas de desarrollo infantil en la región se solucionarían haciendo que los niños vieran series en la tele.

En la actualidad existen varios estudios que analizan los efectos de mirar series de televisión como Plaza Sésamo, una de las series educativas más longevas, exitosas y vistas por los niños del mundo entero. En las investigaciones se miden efectos en el desarrollo cognitivo, la educación y los resultados a futuro de niños pequeños.

Efectivamente, pude comprobar al leer el artículo que mi reacción inicial fue correcta. La noticia se mostraba demasiado optimista en relación al estudio original sobre Plaza Sésamo. Revisando la literatura, observé algunas investigaciones que muestran efectos positivos en conocimiento del alfabeto, números y recepción de vocabulario, y niveles menores de repitencia (sobre todo para poblaciones afroamericanas y en desventajas socioeconómicas) mientras otros indican exactamente lo opuesto. El estudio de Kearney y Levine al que se refiere la noticia no da detalles del entorno en el que esos niños menores de 6 años se encuentran, los ingresos de sus hogares y, lo más importante, si ven la televisión solos o acompañados, entre otros aspectos.

Por esto mismo es muy interesante la investigación de Gabrielle Strouse sobre niños de entre 36 y 48 meses, donde sí hace una distinción, fundamental, en las formas en que los niños ven este tipo de programas. Por un lado pueden ver la serie de televisión solos, sin la supervisión de sus padres o hermanos. Por el contrario, pueden hacerlo junto con sus padres. Es aquí donde aparece una importante división, el grado de implicación que tienen los padres con sus hijos al ver el programa. Los padres pueden elegir:

  • Acompañar al niño en la misma sala viendo juntos el programa de televisión.
  • Además de realizar la misma actividad, participar de forma activa con el niño, explicando lo que ocurre en la pantalla y dudas que pueda tener su hijo (o lo que se llama mediación activa).

Esta última opción es la que refuerza el aprendizaje del niño ya que este consigue recordar con mayor detalle el conocimiento adquirido en el largo plazo. Tiene un interlocutor con el que puede interactuar y disfrutar más del aprendizaje.

Más allá de estos resultados, quiero dejar claro que los especialistas en el tema concuerdan en que no se recomienda ver la tele, con o sin mediación, a los niños menores de 2 años. Esto lo especifica la Asociación Americana de Pediatría.

En otro estudio de Ball y Bogatz sobre Plaza Sésamo se encuentra que los niños (de entre 3 y 5 años) que más aprendieron son aquellos cuyas madres tenían mayor tendencia a verlo con ellos y a hablarles sobre lo que ocurría en la pantalla. En definitiva, la mediación parental provee a los niños con repeticiones adicionales a las que hay en la televisión, ayudándoles a interpretar mejor la información y su uso posterior. Esto es importante para chicos de edad prescolar porque fomenta el efecto positivo y la atención. La tele no puede lograr jamás la interacción recíproca con sus espectadores.

¿Puede ayudar la tecnología a aprender y a mejorar las habilidades del niño?

Quizás, pero sus efectos son limitados y siempre depende de varios condicionantes en su entorno. En un post , nuestra colega Serrana Mujica escribía: “ninguna tecnología puede suplir la interacción humana”. Queda claro, de todas formas, que lo más apropiado e idóneo para un niño es la interacción, ya sea con sus padres, educadores o compañeros, pero no la interacción con un objeto.

¿Cómo se pueden aplicar estos conocimientos a las prácticas en centros preescolares y en la casa? Cuéntanos tus experiencias en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

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