• Nov. 15, 2015, media noche

En días recientes, en circunstancias ajenas a mi voluntad, presencié fugazmente un altercado entre dos personas, de carro a carro. El semáforo estaba apagado y ambos querían pasar al mismo tiempo, lo cual es imposible. Uno gritaba insultos, el otro respondía multiplicando los insultos y subiendo el volumen de voz, elevando a la cien mil la respuesta ofensiva, asi sucesivamente hasta que se bajaron de sus vehículos, se retaron a golpes y amagaron con armarse de objetos contundentes que aparentemente andaban en la valijera.

Mientras esto ocurría, nadie podía avanzar, estos personajes aplicaron el principio egoísta “o paso yo o no pasa nadie”. Fueron minutos eternos, hasta que se restableció el semáforo, se continuaron insultando, pero ya corriendo en sus autos, fue entonces que pudimos salir del atolladero en el que estuvimos esos minutos por la las conductas impropias de dos personas necias.

Estas actitudes y conductas se repiten día a día, quizá en diferentes circunstancias, pero siempre inducidas por creencias erróneas, tales como creer que no responder al insulto es cobardía, o no tener dignidad, o tener sangre de horchata en las venas, etc.

Habemos personas, muchas de las cuales nos consideramos cristianos, que día a día leemos, oimos y nos esforzamos por poner en práctica, la palabra de Dios, que nos dejamos guiar por Proverbios 15:1 que dice:  “la blanda respuesta aplaca la ira, mientras la respuesta áspera la hace subir”.

Ello significa que para inflamar al máximo la llama de la ira en otra persona, lo único que hay que hacer es agredirla verbalmente, azotarla con palabras, en fin ser duros, entonces veremos cómo brota la rabia de dicha persona.

Sabemos que para poner en práctica la primera parte de Proverbios 15:1, debemos luchar y desterrar de nuestro ser: el falso orgullo, la soberbia, la arrogancia, la intolerancia, el menosprecio, etc. Con la conciencia que quienes practican estos antivalores son personas necias, y los necios son de mente cerrada, por lo cual su boca siempre está abierta, hablando sandeces.

Cuando somos amables con los demás, les ayudamos a superar su ira. Así que, cuando alguien se muestra enojado(a) contra nosotros y nos agrede verbalmente, lo que corresponde es mantener la calma, ser amables e invocar la palabra y el ejemplo de Jesús para que nos dé fortaleza y pasar la prueba.

Jesús dice “Bendice a quienes te maldicen”, “Desea el bien a quienes te desean el mal”. Cuando Él era agredido verbal y físicamente, siempre respondía con palabra suave, nunca contestó con insultos o amenazas, aún en sus últimos momentos de vida terrenal sus palabras fueron: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Quienes queremos ser verdaderos edificadores y aportar a la convivencia pácifica, tenemos doble responsabilidad ante los demás, sean amigos o enemigos, por una parte, no darle cabida a la ofensa y por otra, no ofender a nadie.

Llevar a la práctica esta doble responsabilidad es posible siempre que: a) Perdonemos a quienes nos ofenden (Mateo 18:21-22); b) Respondamos al insulto  con palabra suave, blanda, sin grosería (Mateo 18:15-20); y 3) Practiquemos la mansedumbre, que esta sea armadura contra la altivez, la vanidad, la irritación, el resentimiento y la venganza (Galatas 5:22). 

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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