• Jul. 6, 2008, 6:36 p.m.
“Esto es una revolución cívica y constitucional, debemos ir a la calle ¡ahora! y que cada quien dé lo que pueda a la lucha, queremos la unidad en la acción, ponernos de acuerdo en los acuerdos y de acuerdo en los desacuerdos para defender la democracia y a los pobres de Nicaragua”, así se expresó la Comandante Dora María Téllez Argüello horas ante que fuera vejada y humillada en su dignidad como mujer junto a sus acompañantes, cuando llegaron a las afueras del recinto universitario del Auditorio “Ruiz Ayestas” donde estaba previsto un foro debate sobre derechos constitucionales.

Fue una estocada a la democracia y a la aristocracia del talento. Se antepuso la sin razón a la razón, primo la vulgaridad sobre la decencia y el respeto que se debe tener a cualquier ciudadano.

Los estudiantes que se tomaron las instalaciones de la facultad de ciencias y tecnologías lo hicieron para obstaculizar el foro político cuyo auditorio ya había sido autorizado por el decano Octavio Guevara Villavicencio.

El estudiantado y sus dirigentes, donde se destacó el presidente del Cuun, Manuel Ruiz Guerrero, violaron los estatutos de la universidad en el artículo 2 que reza: “la UNAN León no tendrá preferencias partidarias lo que implica abstenerse de intervenir sobre estos aspectos de manera oficial. Estas prohibiciones no impiden la discusión académica de esta clase de temas, ni el desarrollo del libre pensamiento”; el 191 relativo a la disciplina estudiantil en los acápites 1: “profanar los símbolos patrios y de la universidad o irrespetar la memoria de los héroes y mártires y de los forjadores de la nación”; el acápite 4: “realizar actos vandálicos o incitarlos, en perjuicio del patrimonio o de la buena marcha de la Institución”; el acápite 7 que expresa: “la comisión de delitos comunes en locales universitarios” y el número 8: “promover actos que atenten contra el honor y la dignidad de los miembros de la comunidad universitaria”.

Las sanciones por estas faltas graves son severas, pueden suspender de uno a tres años académicos y hasta la expulsión definitiva de la universidad, a los implicados en este bochornoso hecho.

En nuestra Constitución Política de Nicaragua, en el Título I de los Principios Fundamentales, artículo 5, segundo párrafo se expresa que “el pluralismo político asegura la existencia y participación de todas las organizaciones políticas en los asuntos económicos, políticos y sociales del país, sin restricción ideológica, excepto aquellos que pretenden el restablecimiento de todo tipo de dictadura o de cualquier sistema antidemocrático”. También en el título IV, Derechos, deberes y garantías del pueblo nicaragüense, en el artículo 29 se especifica que “toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento y de profesar o no una religión. Nadie puede ser objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar estos derechos ni a ser obligado a declarar su credo, ideología o creencias”

Todo lo actuado por los estudiantes y sus dirigentes es contrario a las normas tantos constitucionales, administrativas de la institución educativa y al espíritu de la ley. El mismo Padre de la autonomía Universitaria, el Magnífico Rector Mariano Fiallos Gil, expresó en el histórico documento “La Carta a los Estudiantes”, publicado en mayo de 1958: “en este duro oficio de hacer hombres a los que casi han dejado de serlo, sumidos en la ignorancia, las enfermedades, la miseria y la desesperanza.

Hay que saber que las generaciones de universitarios que nos han precedido – siglo y medio de gente ansiosa por el conocimiento - marchitaron sus esperanzas en estas mismas aulas por carecer del privilegio de gobernarse por sí mismo, sin darse cuenta, muchas veces, de que les hacía falta la libertad, como muertos que jamás saben del mundo sino por lo que oyen decir a las raíces de los árboles.

En consecuencia, la universidad debe estar al servicio de la democracia y nunca del despotismo. De ninguna clase de despotismo, ni material ni espiritual. Para huir de este tremendo mal y acercarnos a la vida democrática, basta aprender, estudiar y conocer, porque es la ignorancia la que conduce al despotismo a través del servilismo y la corrupción. En este aspecto fundamental tenemos un doble quehacer, porque hay que luchar hasta con el cinismo, contra mucha gente de importancia, entre la cual se encuentran, desafortunadamente, algunos profesionales universitarios de notoria incultura, que no entienden lo que es la universidad”.

Así que, Señor Rector Doctor Hilario Rigoberto Sámpson Granera, Consejo Universitario, Dirección Superior, gremios sindicalistas, docentes, personal administrativo y movimiento estudiantil, el mensaje del Doctor Fiallos Gil es claro, vigente y actual.

Están a tiempo de poder rescatar la Universidad que profetizó: “de un mundo exterior que nos contempla con curiosidad y esperanza. De una gran cantidad de nicaragüenses: gentes de gobierno, del pueblo, de las clases elevadas; de periodistas, artesanos, campesinos… todos nos observan a ver qué hacemos aquí. Por eso debemos de mantener una actitud de interés para todos. No debemos ser ostentosos ni ensimismados. No formar un ámbito aparte; no ser arrogantes, ni rebeldes sin causa. Saber que somos una elite y por lo tanto, con muchos más deberes que derechos, más obligados, más severos, virtuosos y disciplinados, con disciplina de espíritu y no de pasodoble, más necesarios a la patria que a ningún otro grupo. Porque somos universitarios y es en nosotros donde está el honor, el orgullo y el prestigio nacional”.

El autor es periodista.

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