• Dic. 9, 2015, 10:59 a.m.

Según Pascual Montanez Duato, profesor del Instituto de Empresa de Madrid, la primera responsabilidad de la alta dirección empresarial es “conocer la realidad del entorno en que opera la empresa”.  Sin embargo, el análisis político está vacío cuando no está intercalado con el económico, ya que no hay nada más político que la política económica.  Al empresario le interesa comprender el entorno político, no tanto para saber qué partido llegará al poder, sino para conocer cuál será la política económica que se pondrá en práctica y como, la misma, afectará a su empresa.  Por lo tanto, los “politólogos” que no entienden de política económica y de estrategia empresarial, a nuestro juicio, no son de gran utilidad.  Naturalmente que conocer la ideología del partido gobernante es necesario, pero no es suficiente.  En los países como los nuestros, esta tarea es más importante para el éxito empresarial, ya que el entorno político y económico es más cambiante.  Desafortunadamente, existe muy poca literatura que integre el análisis político y el económico.  Sin embargo, se me viene a la mente el libro del profesor de Harvard, James Austin, que conocí en Costa Rica en los años 80, “Managing in developing countries” y uno que escribimos con el profesor Marc Lindenber, “Managing adjustment in developing countries”.  Y no se equivocan, ya que siempre he creído que el segundo es el mejor.  

El primer paso para analizar el entorno político y su impacto en la empresa, es saber cuáles son las estrategias económicas que están al alcance de los gobiernos.  El segundo es poder identificar a los “ganadores” y “perdedores” en cada una de ellas.  el tercero es conocer la ideología del gobierno y que estrategias económicas son más afines con ella.  El cuarto es saber “quién” formula la política Económica, aunque el presidente la “apruebe”.  El cuarto es identificar el impacto que tendrá en la empresa.  Y el quinto es la respuesta que la empresa adoptará.  

En cuanto a las estrategias económicas, recordemos que existen dos opciones, la economía de mercado y el populismo económico.  La primera reconoce que la seguridad jurídica y la rentabilidad económica son indispensables para una mayor inversión, producción y empleo; que si la oferta es abundante, los precios bajan; que si es poca, los precios suben; y que un peso en manos del sector privado, normalmente, es mejor utilizado que uno en manos del estado.  La segunda cree que la economía se puede manejar por simples decretos.  Por ejemplo, que si hay escasez, un decreto que controle los precios es suficiente para evitar que estos suban y que el mismo no tendrá efecto negativo en los niveles de producción; y que un peso en manos del estado es mejor utilizado que en manos del sector privado.  afortunadamente, estas diferencias ideológicas  son cada vez menos marcadas y más aisladas.  Por ello, ahora es mucho más importante identificar a “ganadores” y “perdedores” si el entorno es inflacionario o si se pondrá en práctica un programa de estabilización económica; o si se promoverá a la producción exportable o se protegerá a la producción que compite con importaciones, aunque sea ineficiente; o si para crecer se estimulará la demanda interna o la producción exportable.  Por ejemplo, para una empresa exportadora que no puede incidir en el precio internacional de su producto, es fundamental conocer quien define la política cambiaria y como piensa esa persona, en cuanto a la necesidad de mantener una tasa de cambio real competitiva, para promover al sector exportador.  En cambio, si su empresa elabora un producto de primera necesidad, altamente regulado y destinado al mercado local, y se presenta un proceso inflacionario, lo fundamental será conocer quien define la política de precios y abastecimiento de su industria y como piensa esa persona.  ¿Creerá que la solución es permitir que el precio suba para estimular la producción doméstica? o creerá que la solución, si existen reservas internacionales o capacidad de endeudamiento externo, es autorizar una importación masiva para bajar el precio, aunque con ello desestimule la producción local? o recurrirá a los controles de precio, aunque ellos provoquen escasez y especulación?  por lo tanto, cuando realizamos este tipo de análisis no debemos hablar del “riesgo país”, sino del riesgo de la empresa, y no debemos hablar del “gobierno” en general, sino de los actores políticos “relevantes”.

Una vez que sabemos quién formula la política económica relevante para nosotros y cómo piensa esa persona, y sabemos cómo afectará a nuestra empresa ¿Cómo debemos reaccionar?

Según el profesor Austin, existen 4 alternativas que podemos seguir, dependiendo de la importancia del tema y del poder relativo que tengamos en nuestras relaciones con el gobierno.  Si el tema es muy importante para la empresa y gozamos de poder relativo, debemos tratar de alterar la decisión política e inclinarla a nuestro favor.  pero si el tema nos es importante y además, no gozamos de poder, aceptemos la decisión política y sigamos adelante.  Si el tema es muy importante para el gobierno, pero no para la empresa, tengamos o no poder, mantengámonos al margen.  Y si el tema es muy importante para la empresa y no poseemos poder relativo, tratemos de establecer alianzas para enfrentar la situación.  Pero naturalmente que si la política económica nos es favorable, no solo debemos alegrarnos, sino que debemos hacer todo lo posible para que el gobierno sea exitoso.  En conclusión y como habrán notado, en estos casos no hay ciencia, solo necesitamos información y sentido común.

Y como siempre, les recuerdo que estos serán los temas que analizaremos en la maestría del “Ibesi” y la “Ccsn”.

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