• Dic. 13, 2015, media noche

En días recientes mi esposa y yo cumplimos 46 años de relación matrimonial. En este contexto, recibimos mensajes de congratulación de amigas y amigos que nos aprecian. Hubo quienes nos dijeron: “¡clase de aguante!” o ustedes son parte de ese grupo, nada numeroso, que han logrado trascender las primeras dos décadas. 

Casi todas las personas que hicieron referencia al tema, asumían que durante estas cuatro décadas y media la vida ha sido de alegría y felicidad. Sin embargo, los problemas y dificultades enfrentados, quizá la mayoría generados por nuestras propias actitudes y conductas, han sido abundantes, pero hace aproximadamente 15 años se produjo un punto de inflexión, y aprovechamos para hacer un alto en el camino, revisar lo andado, tomar decisiones y efectuar cambios en nuestras vidas y relación, para corregir lo que fuese necesario y avanzar hacia un futuro mejor.

El cambio se inició a partir que tomamos conciencia que la relación se dirigía hacia el despeñadero, y decidimos aceptar la supremacía de Dios en nuestras vidas, así como dejarnos guiar por Él. 

Desde entonces hemos venido avanzando paso a paso, practicando día a día la palabra que está escrita en Romanos 12:2, la cual nos instruye a mantenernos en un proceso constante de cambio, nos insta a no quedarnos estancados, a transformamos mediante la renovación del entendimiento.

Durante todos estos años trabajamos duro para cumplir nuestra parte, a veces con dificultad, pero no nos hemos rendido. El resultado obtenido es positivo, se han dado cambios significativos en actitudes y conductas, lo cual propicia una mejor calidad de vida y por ende una relación más sana.

La palabra de Dios es como faro que nos guía; estamos convencidos que Él tiene propósitos para nuestras vidas, matrimonio y familia, y que a nosotros nos corresponde actuar. 

Alguien decía que es mucho más fácil ver y criticar los errores ajenos que los propios. Esta ha sido una de las áreas más problemáticas para nosotros, por eso ha sido indispensable actuar de forma permanente en ella, de tal manera de ser capaces de aceptar y corregir las fallas propias y no andar viendo las de la pareja.

En este aspecto nos guiamos por la palabra escrita en Lucas 6:41 que dice: “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano(a), y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano(a): déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano”.

Amiga, amigo, Dios quiere que sea feliz, que disfrute la vida, su relación de pareja. Él tiene planes para ustedes y para nosotros, planes de bienestar y no de calamidad, a fin que tengamos un futuro y una esperanza. Pero hay que trabajar duro, tener la suficiente valentía para aceptar que somos seres imperfectos, que tenemos que corregir nuestras fallas, antes de pretender hacerlo con nuestra pareja, si lo hacemos, alcanzaremos la meta: Hasta que la muerte los separe, porque paso a paso se va lejos.

Queremos saber de ustedes. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com. 

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