• Ene. 25, 2016, 7:12 p.m.

Una persona que dice leer regularmente esta columna, escribió en referencia a la expresión “tomarse de la mano de Jesús” que generalmente utilizo en esta columna. Decía que ha intentado hacerlo, pero cuando lo hace, su mano siempre está vacía. En tanto, esta inquietud me ha parecido legítima e interesante, he optado por intentar argumentar, desde mi experiencia personal, acerca de lo real y práctico de esta expresión.

Para los cristianos la palabra de Dios está recogida en la biblia. Él se manifiesta y se revela por medio de su palabra. Nos tomamos de su mano mediante su palabra y cuando vivimos en fe y creemos, sentimos su presencia en nuestro interior y la manifestamos en nuestras conductas.

Al amanecer de cada día, en oración me conecto a Jesús. De pensamiento y de palabra le pido que me llene del fruto del Espíritu Santo, que es: amor, alegría, paz, fe, esperanza, gratitud, longanimidad, paciencia, mansedumbre y dominio propio.

En tanto estoy persuadido que la impaciencia es un factor de riesgo para la salud, tanto mental como física, pero además y principalmente, debilita la fe en Dios, he estado enfocado en fortalecer la paciencia tomado de la mano de Jesus, es decir, apropiado de su palabra y dispuesto a dejarme guiar por Él, a hacer su voluntad y no la mía.  Considero que la paciencia es a la fe, lo que la gasolina al motor; si la paciencia se pierde la fe se apaga.

Vivimos tiempos en los que pareciera ser inaceptable ser paciente. La vida es mucho más agitada que antes; cada vez el congestionamiento de tráfico vehicular es más recurrente e intenso; los problemas familiares, económicos etc.. están a la vuelta de la esquina, y nos impacientamos y angustiamos porque no resolvemos con la celeridad que queremos.

La impaciencia se ha instalado en nuestro quehacer cotidiano,  aún cuando la espera sea mínima, por lo general se dificulta evitar que se activen la ansiedad y el afán. El mayor desafío cuando la impaciencia ataca y se propone tomar posesión de nuestras emociones, es contrarrestarla con paciencia en el espíritu, tomados de la mano de Jesus.

Paciencia es ser consciente que nadie, me incluyo, es perfecto; es saber que no todo depende mi en esta tierra, hay cosas que puedo cambiar y hay cosas que no, lo que corresponde es tener sabiduría para saber diferenciar.

Amiga, amigo quiero invitarle a tener paciencia, no importa la situación que esté enfrentando. No se desespere, no se inquiete, no se preocupe, espere en el Señor con paciencia, Él tomará control de sus problemas, Él actuará en su vida, escuchará su clamor.

Tómese de la mano de Jesus, haga suya esta palabra: Pacientemente espero en el Señor, se inclina a mí, y oye mi clamor. Me saca del pozo de la desesperación, del fango cenagoso,  pone mis pies sobre roca firma, y endereza mis pasos. Salmo 40:1

No importa el tiempo que tenga de estar esperando que se solucionen sus dificultades, si lo hace con paciencia, tomada(o) de la mano de Jesus, apropiado(a) de su palabra, confiando, Él le escuchará y le responderá, ¡créalo y pruébelo!.

 Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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