• Feb. 22, 2016, 9:51 a.m.

Gran parte de mi vida, he estado obsesionada con el tema de género y matemáticas. Cuando era niña, me encantaba cuando mi padre inventaba juegos y acertijos matemáticos y me retaba a resolverlos. Sin embargo, estaba claro que no todos los niños y niñas de mi escuela compartían mi amor por los números. Lamentablemente, décadas después, esa  misma aversión a las matemáticas que vi entre mis amigas de infancia ha seguido replicándose en las nuevas generaciones.

Durante los primeros años de escuela, a las niñas generalmente no les gustan las matemáticas, incluso cuando su desempeño está a la par del de los niños. Cuando crecen, no entran en carreras matemáticas con la frecuencia que sus pares masculinos. Como resultado, tenemos un menor número de mujeres en las finanzas, los negocios y los campos de las llamadas ¨STEM¨ como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Precisamente esos campos en los que, debido al creciente uso de la tecnología en nuestra sociedad, están las mejores oportunidades laborales.

¿Por qué es tan difícil inculcar el amor por las matemáticas en las niñas? Parece ser que las  normas culturales contribuyen y forman las definiciones que los niños tienen de sí mismos, lo que lleva a las niñas a asimilar el estereotipo de que las matemáticas no son para ellas. Estas normas están tan arraigadas en nuestra sociedad que son difíciles de cambiar. Varios estudios muestran cómo los padres han indicado que sus hijos son mejores que sus hijas en las matemáticas, aun cuando este no era el caso. Incluso cuando las niñas tienen padres instruidos en el tema de género, reciben el mensaje ¨anti-matemáticas¨ a través de los medios de comunicación, el entretenimiento, la ropa y los juguetes.

Uno pensaría que la reacción popular en contra de la Barbie que hablaba (en la década de 1990)  y que decía frases como “La clase de matemáticas es muy dura” haría que las empresas tuviesen más cuidado con este tema. Sin embargo, aún hoy en día seguimos viendo mensajes ¨anti-matemáticas¨ que son promovidos a través de algunos productos dirigidos a las niñas. Hace algunos años, la tienda de ropa The Children’s Place produjo una camiseta enumerando como temas preferidos por las niñas el ¨ir de compras, la música y el baile¨, pero no las matemáticas porque…”bueno, nadie es perfecto”. La compañía David & Goliath comercializó una camisa similar que en letras rosadas declaraba “soy demasiado bonita para hacer matemáticas”. Este tipo de afirmaciones parecen decir  a nuestras niñas y jóvenes que ser malas en matemáticas es un logro. O hacen, como lo dijo un comentarista, que “ser tonta esté de moda”.

Los estereotipos como estos no son solo fastidiosos, sino que también predeterminan. Un estudio transcultural en 36 países dirigido por un investigador de la Universidad de Virginia (Nosek, B. et al., 2009) encontró que los estereotipos de género predicen el rendimiento en matemáticas y ciencia de las niñas. Por otra parte, la Asociación Americana de Psicología muestra investigación sobre cómo estudiantes mujeres con altos resultados académicos en matemáticas obtienen peores resultados que sus pares masculinos en una prueba de matemáticas simplemente diciéndoles que las niñas tienden a rendir menos que los varones en la prueba. A las estudiantes a quienes no se les dijo nada acerca de las diferencias de género, o a las que se dijo que la prueba tiende a producir la misma puntuación para ambos géneros, presentaron un puntaje igual a los varones.

Lamentablemente, las chicas asimilan claramente ese tipo de mensajes, por lo que tal vez no debería sorprendernos que cuando crezcan crean que las matemáticas no son un campo al que ellas pertenecen. Este sentido de ¨no pertenencia¨ comienza desde temprano. Mi hija de nueve años,recientemente me dijo que abandonaría la clase de ajedrez. “Mamá, las niñas no juegan al ajedrez”, me explicó. Sabiendo lo mucho que ama el ajedrez y la forma en que este juego está directamente relacionado con el desarrollo de habilidades para resolver problemas matemáticos, asumí el papel de abogada y logré convencer a otros padres de inscribir a sus niñas. Como padres y educadores no podemos dejar que los estereotipos de género ganen. Las matemáticas son simplemente demasiado importantes y divertidas para estar reservadas solo para la mitad de la población.

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