• Mar. 7, 2016, 10:58 a.m.

Hace muchos años tuve la oportunidad de trabajar para una persona oriunda de otro continente, quien se caracterizaba por pretender hacer todo a la perfección, con una excesiva entrega al trabajo, cero tolerancia a los pendientes, lo único que podía quedar para mañana era lo que podría considerarse imposible. En cierta ocasión que un trabajo no salió en el tiempo por él requerido, formulé una explicación basado en lo difícil y casi imposible que representaba cumplir con su exigencia. La respuesta a mi argumento fue: Obregón, lo fácil se hizo ayer, lo difícil se hace hoy y lo imposible se hará mañana.

Aprendí mucho de este personaje, lo cual siempre he agradecido, pero también y como todo en la vida, desarrollé una personalidad ultra exigente conmigo y con las demás personas. Interiorice y puse en práctica la creencia de que hasta lo imposible lo podía hacer por mis propias capacidades y habilidades. Las consecuencias de este tipo de personalidad, de creerse superdotado(a), son dañinas para la salud, activan emociones negativas, desarreglos fisiológicos y conflictos en relaciones interpersonales.

La persona que practica la ultra exigencia es presa fácil del enojo, de crisis de ansiedad y hasta de episodios depresivos cuando no se cumplen sus exigencias. Pierde la paciencia, no es capaz de controlarse y comete exabruptos cuando exige que las cosas sean de la manera que el o ella quieren y la realidad objetiva se comporta de forma distinta a sus exigencias.

La personalidad ultra exigente es fuente de insatisfacción permanente, generadora de afán, quienes así se comportan son incapaces de apreciar un logro, nunca se contentan con lo que hacen, ni con los resultados que obtienen de sus acciones. Ingenuamente creen que pueden alcanzar la perfección y se convierten en esclavos de esta creencia irracional, lo que les impide experimentar momentos de felicidad.

En mí caso, hace aproximadamente 15 años inicie un proceso de desprendimiento de esa  personalidad ultra exigente y afanosa. Ello sucede a partir que conozco a un Jesús real que vive entre nosotros, que nos ama sin condiciones, que es compasivo y quiere lo mejor para Ud. y para mí, que se manifiesta por medio del verbo, de su palabra, que está escrita en la Biblia.

Mediante su palabra he aprendido, que efectivamente, lo fácil se hizo ayer, lo difícil se hace hoy, lo imposible se hará mañana. Sin embargo, hay una ENORME diferencia, por mis propias capacidades nunca lo logré, pero bajo el amparo de Dios si es posible. La palabra de Dios en Lucas 18:27 dice: Lo que para los hombres es imposible, para Dios es posible. Ello es extensivo para nosotros, siempre y cuando, hagamos nuestra parte con fidelidad, con responsabilidad, con disciplina, con integridad, apropiados de que lo lograremos porque la palabra en Filipenses 4:13 dice: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Amiga, amigo, para salir adelante en la vida, debemos esforzarnos, prepararnos académicamente, trabajar duro, pero sin afanarnos. Podemos y estamos llamados a ser exitosos, a vivir en prosperidad, a tener larga vida, con salud, con paz, llenos de fe, con la esperanza que bajo la protección de Dios todo lo podemos porque para Él no hay imposibles.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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