• Mar. 21, 2016, 10:35 a.m.

¿Cuántos de ustedes, profesionales del sector de agua y saneamiento, se han desilusionado de ciertos aspectos de ingeniería  durante la ejecución de un proyecto?

La historia es siempre la misma. Al principio todo parece bien encaminado: se aprueba el proyecto, se adjudican las obras. Ahora solo falta ejecutarlas y asegurarse que se alcanzan los resultados esperados. Suena fácil, todo en menos de dos líneas.

Sin embargo, los “dolores de cabeza” comienzan con la revisión de las ofertas de las empresas constructoras y siguen hasta la finalización del proyecto, cuando debemos admitir que se modificaron los presupuestos, diseños, se alargó el tiempo de ejecución y, en los casos más extremos, hacer frente a resultados muy inferiores a los planteados en la programación.

Obviamente la ingeniería no es el origen de todos los males de un proyecto; pero cuando se trata de infraestructura, a menudo se teme que sea EL problema.

 

¿Será la definición misma de la ingeniería parte del problema? Según el diccionario de la Real Academia Española, Ingeniería se define como: “1. f. Estudio y aplicación, por especialistas, de las diversas ramas de la tecnología. 2. f. Actividad profesional del ingeniero”. Dicha definición podría llevar a confinar la ingeniería al simple manejo de la tecnología, simplificando la misión de un ingeniero.

Existen definiciones un poco más integrales. Por ejemplo, Aquiles Gay, un ingeniero argentino, propuso hace unos años, la siguiente definición: “El ingeniero es un hombre que partiendo de conocimientos, ideas, recursos, medios y material humano, construye objetos o productos tecnológicos, realiza proyectos técnicos o desarrolla procesos tecnológicos; su objetivo fundamental es, como planteo general, mejorar la calidad de vida del ser humano”.

Partiendo de esta definición, El Consejo de Acreditación para la Ingeniería y la Tecnología de la Universidad de Ingeniería Nordeste, Argentina [1] difunde como definición de la Ingeniería: La profesión en la que el conocimiento de las ciencias matemáticas y naturales adquirido mediante el estudio, la experiencia y la práctica, se aplica con buen juicio a fin de desarrollar las formas en que se pueden utilizar de manera económica, los materiales y las fuerzas de la naturaleza en beneficio de la humanidad“.

“Mejorar la calidad de vida”, “Aplicar el conocimiento con buen juicio”; ¡O sea, la ingeniería no sería entonces solo asunto de tecnología! Cuando estudiaba ingeniería, no recuerdo haber tomado consciencia que en mi futuro desempeño estos dos aspectos del currículo serían tan importantes, y me atrevo a decir que no soy el único.

Como ingeniero, quisiera compartir algunos casos que se me han presentado en mi carrera profesional en el sector de agua y saneamiento:

Caso N°1: Al iniciar un contrato de gestión técnica y comercial de las infraestructuras de agua y saneamiento, la Alcaldía, socio del operador, solicitó resolver el abastecimiento muy problemático de una zona de la ciudad representando aproximadamente 35.000 habitantes. Para esto, la autoridad Municipal disponía de todos los estudios y diseños de ingeniería, los cuales representaban una inversión de cuatro millones de dólares.La nueva empresa operadora solicitó tiempo a la Municipalidad para entender, mediante un diagnóstico pertinente, el comportamiento hidráulico de las instalaciones. A raíz de este nuevo diagnóstico, el nuevo operador invirtió 170 mil dólares y abasteció en agua la zona problemática 24 horas los siete días de la semana.

Caso N°2: Una empresa de ingeniería internacional preparó para una ciudad de 1 millón de habitantes un programa de inversiones prioritarias de 20 millones de dólares, con el fin de mejorar el abastecimiento de agua (presión y continuidad del servicio). Una vez aprobado el financiamiento, el organismo prestatario consideró oportuno revisar técnicamente el alcance de las obras planificadas. Con este fin, le solicitó a la empresa operadora el plano de la red de cañería, de la producción y del almacenamiento para tener una “idea” de cómo funcionaba hidráulicamente las instalaciones (de donde venía el agua y como fluía en los tubos). Sin embargo, su sorpresa fue grande cuando se le comunicó que no existía ningún plano de la red de agua. ¡O sea, la empresa internacional de ingeniería diseñó obras de mejoramiento de la distribución de agua sin tener la información básica de cómo se distribuía el agua! Se tuvo entonces que descartar el trabajo de ingeniería ya realizado y pagado y hacer otro estudio.

Caso N°3: En una ciudad de 100.000 habitantes, un estudio de ingeniería llegó a la conclusión que los problemas de fuga y del nivel alto de pérdidas se debían a la “vetustez”, al carácter “obsoleto” de las cañerías del centro de la ciudad. Un proyecto fue entonces aprobado para financiar la sustitución de la cañería por un monto de cinco millones de dólares. A otro ingeniero, se le ocurrió dudar de este estudio e iniciar un diagnóstico con el operador. ¿Cuál fue su sorpresa? Las conclusiones eran totalmente opuestas a las del primer estudio; las rupturas de las tuberías se debían a fenómenos hidráulicos transitorios (variaciones altas y rápidas de presiones). El “segundo” estudio recomendó inversiones en regulación de presión. Por ende, con el mismo presupuesto de cinco millones de dólares, se reguló la presión y se aumentó la cobertura de la red en la ciudad, para abastecer zonas no contempladas en el proyecto inicial. Hoy en día, 15 años después, las cañerías inicialmente diagnosticadas como “obsoletas” siguen cumpliendo su función sin problema.

Estos tres casos son una buena ilustración de la importancia de la calidad de la ingeniería. Una mirada hacia años atrás nos revela que la ingeniería de sistemas de agua potable era, al parecer, más rigurosa hace 50 años. Nos pertenece interrogarnos para saber el por qué.

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