• Abr. 18, 2016, 11:01 a.m.

En este abril del 2016, se cumplen 14 años desde aquel abril del 2002, cuando mí vida estaba a merced de un duelo con características de un devastador tsunami emocional provocado por la muerte física de mi hijo en abril de 1997.

En aquellos años, que hoy se me hacen tan lejanos, era una persona solitaria, pesimista, con un profundo vacío existencial, con niveles de auto concepto del piso para abajo. Metido en un círculo vicioso en el tanto, las actitudes y conductas que practicaba alejaban de mí a las personas del entorno, fuesen amigos o familiares, provocando más soledad, más vacío, porque la realidad es que nadie quiere estar cerca de personas así.

Si bien en esos tiempos disponía del sentido de la vista y esta era 20-20, la realidad es que andaba en tinieblas aunque fuesen las 12 del día, estaba enceguecido por la ira, la victimización, la sensación de soledad, de resentimiento con otras personas por que, según yo, no me ponían atención, no se interesaban por lo que me estaba pasando.

Si hoy veo hacia atrás, únicamente lo  hago con la intención y propósito de mostrar a otras personas que puedan estar pasando por momentos como los que yo viví, que hay salida, y a quienes así lo consideren, pasarles de gratis lo que yo recibí también de gratis.

En ese abril del 2002, una noche, en estado de ebriedad, casi inconsciente, por primera vez clamé a Dios, pidiéndole perdón por mi comportamiento y ayuda para salir de los problemas que enfrentaba.

En horas de la madrugada del día siguiente, me encontré con una persona a quién yo no conocía, hoy mi hermano, mí amigo del alma, Don Julio Cesar Castillo Ortiz, a quién Dios usó y puso en mi camino para presentarme a un Jesús vivo, que ponía su hombro para apapacharme y su mano para sacarme del pozo de la desesperación. La biblia en Jeremías 33:3 dice: Clama a mí que yo te responderé y eso hizo conmigo, en menos de 24 horas me estaba respondiendo.

Abril es inicio de primavera en el hemisferio en donde se ubica nuestro país, y también empezó la primavera de mí vida, mi mente inauguró un proceso de renovación que me ha llevado poco a poco a dejar atrás la etapa de duelo, de florecimiento del amor en mi corazón, de aprender a amar a Dios por sobre todo y a mí prójimo como a mí mismo, la etapa de duelo ha quedado atrás pero el amor por mi hijo ha crecido geométricamente.

Amiga, amigo, si está viviendo alguna situación que para Ud. es difícil y no ha podido resolver, le invito a clamar a Dios y aceptar a Jesús como Señor y Salvador de su vida, ríndase a Él y verá que más temprano o más tarde, la oscuridad se transforma en claridad, y las soluciones se irán dando, su vida y la de las personas en su entorno experimentarán transformaciones. Si conmigo y con millones de personas lo ha hecho, con Ud. también lo hará. ¡Pruébelo, clámele, el responderá y le enseñará cosas grandes y ocultas que Ud. ni se imagina¡.

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