• Jul. 1, 2016, 10:44 a.m.

 

No soy gran lector de la Biblia, pero es muy difícil -sino imposible-  articular mejor que San Lucas lo que se le puede decir a los países más ricos del mundo agrupados en el G-7 y en la OECD acerca de la hipocresía de su política de condena y persecución a los llamados “paraísos fiscales” mientras –simultáneamente- se hacen de la vista gorda con las jurisdicciones libres de impuestos que albergan en sus propios territorios. 

Los “paraísos fiscales” son estados, o ciudades –jurisdicciones en la jerga legal- donde los más ricos y las grandes corporaciones del mundo esconden su dinero para no pagar impuestos.  Estos últimos sirven de base a los presupuestos de las naciones y a sus programas de inversión pública. Aunque muchas de estas prácticas son abiertamente ilegales, hay otras que -aparte de los temas éticos- no lo son.  La mayoría de los empresarios ricos y relativamente sofisticados utilizan esquemas que aprovechan los agujeros en las leyes tributarias de sus países y las combinan con las ventajas que ofrecen cuentas bancarias -llamadas “off-shore”- en estos “paraísos fiscales” para minimizar el pago de tributos. A la “prestidigitación” contable –aunque legal-  para minimizar el pago de impuestos, en la jerga del negocio de las consultorías le llaman “planeación tributaria”. (En inglés “tax-planning”). Las cuatro firmas auditoras más grandes del mundo “big four”—Deloitte, Ernst & Young, KPMG y la PwC, son precisamente la que m
ayor presencia tienen en esta industria. 

La feroz batalla de los países ricos contra los “paraísos fiscales” ha retomado impulso en el nuevo contexto poscrisis de un crecimiento global mediocre y cada vez más escasos recursos fiscales. La campaña consiste en mantener una “lista negra” (bajo la conocida táctica de nombrar y avergonzar –“name and shame”) a aquellas “jurisdicciones” ubicadas en naciones pequeñas y débiles en el Caribe, Pacífico Sur, Asia, y África, la mayoría islas -, pero dejando por supuesto fuera aquellos “paraísos fiscales” localizados dentro de sus propias fronteras. Como siempre se mencionan los “peces flacos”, mencionaremos esta vez -aunque sea- algunos de los “peces gordos”. En el caso de Inglaterra: Además del propio Londres, está La Isla del Hombre (The isle of man) –a unas cuantas millas de sus costas- cuyo territorio -interesantemente- no pertenece al Reino Unido, ¡pero todo el que la habita es ciudadano británico! (enróllenme ese trompo en la uña); En el caso de Europa, por favor, San Marino, Luxemburgo y Suiza (los padres 
de la banca libre de impuestos), Mónaco, Chipre, Ámsterdam, solo por mencionar algunos. EE.UU. fue el que lanzó y hoy lidera esta campaña, pero es parte del problema. Los estados de Wyoming, Nevada y Delaware compiten por atraer más capital con base en una carrera hacia el fondo con impuestos cada vez más bajos y cada vez menos requerimientos legales para registrar nuevas empresas. Pregunta: ¿han visto a estos “peces gordos” de EE.UU. y GB en alguna lista negra? 

Es noble y justo pensar en una campaña global para cerrar las puertas de la evasión fiscal a todos los ricos del mundo y a las grandes corporaciones globales, registradas donde sea; pero ¿cómo apropiarse de esta campaña en un mundo donde el terreno de juego está inclinado a favor de los países más ricos?  y dentro de ellos, a favor de sus claques dominantes.  Un ciudadano bien informado que preste servicios periodísticos, políticos, o ideológicos, a esta dispareja campaña, o lo hace por olímpica ingenuidad –si no sabe para quién trabaja-, o por necesidad, para el que si sabe para quién trabaja y no se puede dar el lujo de disentir, o bien por cinismo, para quien, sabiéndolo todo, nos quiere pontificar el argumento pensando que no conocemos sus motivaciones. (Nos quiere dar atol con el dedo). Aun no sé en cuál de estas categorías ubicar a los señores del “International Consortium of Investigative Journalists”. ¿Se acuerdan? Ellos son los que destaparon el cacareado caso de Mossack y Fonseca en Panamá.  

¿Pero cuál es el interés de los países ricos en esta cruzada? Le concedemos que parte de su interés es genuino y en línea con luchar contra la evasión fiscal para que sus elites compartan el pastel de sus ganancias, después de todo, el dinero no-declarado disperso en cuentas bancarias (en Ingles: “offshore accounts”) en estos “paraísos fiscales” se estima entre los 15 hasta los 30 trillones de dólares (trillones del Sistema Anglo-Sajón, como referencia, el PIB de la economía más grande del mundo, la de los EE.UU., es de 18 trillones de dólares). 

Pero hay quienes también persiguen otra --no muy explícita-- agenda de dos puntos: por un lado, establecer un marco de monitoreo y control de los flujos globales de capital para asegurarse que sirva sus intereses geopolíticos; y por el otro, asegurarse que los capitales dispersos por la globalización emigren (y en algunos casos, regresen) a las cuentas bancarias dentro de sus fronteras (en inglés: “on-shore accounts”).  Luego del reforzado impulso de los Estados Unidos y el G-7 de apretar las normas financieras fuera de sus fronteras, mucho capital ha fluido de regreso a las suyas. 

¿Quién va a denunciar esta disparidad con el mismo tenor que se denuncia a los “peces flacos”? ¿Quién va a nivelar el campo de juego, aunque sea en los medios? No sé si tal vez los amigos del “International Consortium of Investigative Journalists” nos consiguen los papeles de Londres, Delaware, y Ámsterdam. No es lo mismo meterse contra un “pez flaco” que contra un “pez gordo” compadres, y si tienen miedo, les comprendo, pues no es buen prospecto –en el mejor de los casos- acabar en la embajada del Ecuador en Londres, haciéndole compañía a Julián Assange.  

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