• Jul. 16, 2016, 8:16 p.m.

Imaginemos por un momento la vida de Carlos, un joven latinoamericano de 17 años cursando la secundaria. Después del colegio, Carlos va directo al taller mecánico cerca de su casa, donde ha sido contratado para trabajar a medio tiempo. En pocas palabras, Carlos es un SÍ-SÍ. Es decir, un joven que SÍ estudia y que SÍ trabaja. Aunque las cifras de los NI-NIS en América Latina son de preocupación, los estimados basados en encuestas de hogares de la región también muestran que un importante porcentaje de jóvenes latinoamericanos (entre 16 y 18 años) estudia y trabaja a la vez.  ¡Y en algunos países, como Brasil o Perú, tenemos más SÍ-SÍs que NI-NIs!

Este 15 de julio, celebrando el Día Internacional de las Habilidades Juveniles, y considerando que el desempeño laboral en la adultez depende de las habilidades y destrezas que los jóvenes adquieren a través de la combinación de estudios y experiencia, nos preguntamos: ¿vale la pena ser un joven SÍ-SÍ en la región? Y más importante: ¿Qué rol puede tener el sistema educativo para maximizar el éxito profesional de los jóvenes SÍ-SÍs?

Grafico Javier SI SI

Nota: Población entre 16 y 18 años; Elaboración propia basada en encuesta de hogares más reciente por país.

Para muchos, la idea del trabajo juvenil está directamente relacionada con menos tiempo de estudio y con comportamientos que resultan riesgosos para la permanencia de los jóvenes en la escuela. Por su parte, otros expertos están convencidos de que el trabajo brinda oportunidades únicas para el desarrollo de habilidades que son esenciales para una transición exitosa al mercado laboral, como el manejo del tiempo (Horn, Peeter y Rooney, 2002) y de las finanzas personales. El trabajo también puede llevar a una interacción con un grupo ampliado de adultos, más allá de padres y maestros, lo que estimula la formación de habilidades socioemocionales esenciales (Finch et al, 1991). Investigaciones en Estados Unidos, por ejemplo,  muestran que el empleo juvenil puede tener efectos positivos cuando el trabajo es estable y ocupa menos de 20 horas a la semana (Mortimer, 2010;Green y Staff, 2012).

La Organización International del Trabajo (OIT) ve la cultura del trabajo juvenil como una oportunidad para que los jóvenes contribuyan al bienestar de sus familias y se expongan a experiencias claves para convertirse en miembros productivos de la sociedad. Sin embargo, la OIT también reconoce que para que los jóvenes realmente se beneficien de su participación en el mercado laboral, la misma no debe afectar su salud, su desarrollo personal óptimo y su experiencia educativa. Los padres y las autoridades deben asegurarse de que los trabajos disponibles para los jóvenes se hagan bajo ambientes seguros y que no conlleven a la explotación. Los códigos de trabajo, por ejemplo, deben ser más exigentes para aquellas tareas realizadas por los jóvenes.

Una cultura sana del trabajo juvenil tiene además un potencial enorme paragenerar sinergias entre la experiencia en la escuela y la experiencia laboral, maximizando las habilidades de los jóvenes. Modelos de formación dual presentes en la región e inspirados en el modelo alemán se enfocan explícitamente en explotar dichas sinergias a través de una filosofía de “aprender haciendo”, desarrollando destrezas para resolver problemas cotidianos. En otros contextos, especialmente en los que el sector privado es pequeño, han surgido modelos que exponen a los estudiantes al trabajo bajo el liderazgo de la escuela, como los centros de la Fundación Frabetto en Nicaragua rural (aplicando el Sistema de Aprendizaje Tutorial), o en otros generando cooperativas de estudiantes como elmodelo REPACE en Honduras. El alcance de este tipo de iniciativas suele ser limitado, por lo que el sistema educativo debe generar oportunidades para reforzar y complementar habilidades aprendidas por los millones de jóvenes que ya trabajan, aprovechando así para mejorar el conocimiento entre todos los estudiantes sobre el mercado laboral.

Diversos estudios han señalado que los egresados del sistema educativo en América Latina no responden a las necesidades del mercado laboral. Las habilidades faltantes se podrían desarrollar y potenciar mediante la interacción de las escuelas con las experiencias laborales que jóvenes como Carlos, el protagonista de nuestra historia al inicio, ya están teniendo. ¡Es el momento de incluirlas en el proceso educativo!

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