• Jul. 25, 2016, 3:13 p.m.

Un estimado lector comentaba algunas situaciones por él vividas en las que se había sentido atrapado por el miedo y se mostraba preocupado porque creía padecer algún trastorno psicológico que pudiese desembocar en problemas de salud mental o de otro tipo, y solicitaba nuestra opinión acerca de este tema.

Desde nuestro punto de vista, el miedo es inherente al ser humano. Quizá muchas veces hemos sentido miedo ante una situación aparentemente riesgosa o difícil: hacer un examen, hablar en público, dejarnos manipular ante la posibilidad de perder un empleo, etcétera.

Aún Jesús, en su condición de hijo del hombre, ante el inminente padecimiento, se presume experimentó emociones negativas cuando le dijo al padre ‘estoy triste hasta la muerte’ o cuando le pidió ‘pasa de mí esta copa’. Pero no se dejó vencer, controló, venció el miedo y siguió adelante.

El miedo, según los entendidos, es una emoción que puede ser positiva o no, produce una alteración del estado de ánimo y se manifiesta en angustia ante un peligro, ya sea imaginario o real.

El miedo es considerado por algunos expertos como una emoción primaria; se ubica entre las que tienen mayor recurrencia en la vida de las personas. 

El efecto de esta emoción puede ser positivo, cuando actúa como mecanismo de prevención, en el tanto dispone a quien lo experimenta, a tomar medidas de precaución ante peligros a los que puede estar expuesto. Este tipo de miedo es catalogado como racional.

Por el contrario puede considerarse negativo cuando las causas del mismo son imaginarias, irracionales. Cuando dichas causas no representan, ni mucho menos, un peligro real. Este tipo de miedo además de ocasionar alteraciones en el estado de ánimo, produce preocupación, ansiedad, angustia, tensión, etcétera.

El miedo irracional aparece cuando hay fijación en situaciones imaginarias que presumiblemente pueden suceder,  o en hechos ocurridos en el pasado y se teme puedan repetirse en el presente.

Durante toda mi vida, he experimentado los dos tipos de miedos. El primero, que se considera positivo, se continúa manifestando en el diario vivir. El segundo me hizo la vida imposible por muchos años.

Se convirtió en un trastorno de ansiedad generalizada originado en el miedo a la muerte. El especialista que me trató en aquellos años decía que el miedo originado por causas irreales se convierte en miedo tóxico y mientras no se logre identificar las causas y enfrentarlo, no es posible superarlo y por tanto puede durar toda la vida.

Fue hasta que descubrí que la causa de ese miedo era la escena que me tocó presenciar a mis 8 años de edad, cuando observé de principio a fin la agonía y fallecimiento de mi madre por un infarto cardíaco; apoyándome en el amor de Dios logré superarlo y tener una mejor calidad de vida.

Amiga, amigo, si se siente atrapada(o) por miedos irracionales, tóxicos, recurra a un especialista que le ayude a encontrar las causas de dichos miedos, y aprópiese del amor de Dios, en 1ra. Juan 4:18 dice: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor (el de Dios) echa fuera el temor porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor”. 

Queremos saber de usted, le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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