• Ago. 15, 2016, media noche

Hay un virus que contamina, corroe y destruye relaciones interpersonales. Es universal, no tiene fronteras, permanece activo 24 horas, 7 días a la semana y no respeta  sexo, edad, raza, credo, escolaridad, ni clase social, es decir, cruza transversalmente la sociedad. A este virus hasta canciones le han dedicado, su nombre es CHISME, y sus portadores son personas que se les denomina chismosas.

Una persona chismosa es aquella que dispone de información, verdadera o inventada, la difunde allí donde anda, sin reparar en los perjuicios que pueda ocasionar, particularmente a quienes son víctimas del chisme.

Quienes están infectados con el virus del chisme, se especializan en provocar conflictos que pueden llevar al rompimiento de relaciones interpersonales, especialmente entre personas del entorno inmediato.

La Biblia se ocupa ampliamente de este mal, en el libro de Proverbios capítulo 16:28 dice: Los perversos levantan contienda, los chismosos apartan a los mejores amigos.

De acuerdo a expertos del comportamiento, el chisme puede tener al menos tres expresiones básicas: 1) murmuración: hablar mal de alguien a sus espaldas;  2) calumnia: atribuir a alguien falsamente actos o intenciones causantes de deshonra; y 3) difamación: intento de desacreditar a alguien de su buena fama.

Los murmuradores pululan por todos lados, nunca están satisfechos con nada, siempre están en contra de todo, no tienen capacidad de ver lo que está bien solo lo que está mal, cuando las cosas no se hacen a su manera, entonces murmuran y critican.

Por su parte, quienes levantan calumnia, lo hacen a base de mentiras, exageran acontecimientos, inventan situaciones, siempre con el objetivo de desacreditar a alguien. Los difamadores siempre están tratando de desmeritar las cualidades de otras personas.

Expertos en el tema afirman que el chisme, en algunas circunstancias, puede presentar ribetes patológicos. Una persona que practica el chisme, puede padecer algún trastorno cuando:

a) no tiene dominio sobre el impulso de difundir información a la que ha tenido acceso;

b) lo hace con tal frecuencia, que es un hábito, parte intrínseca de su personalidad y es conocido por los demás como chismoso; 

c) cuando disfruta del daño causado por el chisme difundido.

La persona infectada por el virus del chisme, más temprano que tarde, es detectada y rechazada por su entorno familiar y de amistades. Es calificada de poco o nada confiable por su incapacidad de guardar información a la que tiene acceso y porque va dejando daño, abriendo heridas y generando resentimientos  por donde pasa. Al final nadie le quiere tener cerca, se convierte en una persona tóxica, que contamina a quienes se le acercan, por lo cual todos le evitan.

Amigas y amigos, el chisme es un virus destructor de relaciones interpersonales, no tiene compasión de sus víctimas, por ello hay que vacunarse para no ser infectado. Ello se logra declarando a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, permitiendo que nuestros pensamientos y actuaciones estén guiados por el fruto del Espíritu Santo de Dios: Amor, Gozo y Paz, Fe, Bondad, Paciencia, Mansedumbre y Dominio Propio.  

El fruto del Espíritu nos protegerá del virus del chisme; siendo inmunes a ese mal lograremos fortalecer nuestra capacidad para edificar amistades, sobre todo, con nuestro entorno familiar.

Queremos saber de usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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