• Sept. 5, 2016, media noche

En días recientes participaba de una amena charla con un grupo de amigas(os) de la niñez. Todas(os) pasaditos de los 60 años, adultos mayores reviviendo vivencias de aquellas épocas, activando nostalgias, la conversación era animadísima y  refrescante.

Cuando más disfrutábamos de aquel coloquio, alguien interrumpió diciendo que se  aproximaba un huracán a la localidad en donde vivía una de las participantes. Inmediatamente se activaron las alarmas emocionales. En un abrir y cerrar de ojos, lo que era un ambiente ameno y animado, pasó a ser dominado por la ansiedad propia de la preocupación.  
La preocupación y la ansiedad son socias inseparables. Mientras la primera tiene su campo de acción en la mente y se compone de pensamientos generalmente negativos que inducen a creer que sucederá lo peor; la segunda lo hace en el cuerpo, produciendo taquicardias, malestares estomacales, sudoración, etc.

En nuestro grupo, la preocupación se manifestó en expresiones tales como: y si el huracán es como aquel que destruyó e inundó la ciudad? No vamos a poder regresar pronto a casa en la fecha prevista, Etc... Apareció la ansiedad y las expresiones faciales de una de las participantes transmitían temor y angustia.

Entendidos en el tema afirman que cuando las personas se preocupan, el futuro inmediato se augura pesimista,  la imaginación se esmera en predecir consecuencias terribles, que inducen a experimentar emociones negativas, muchas de las cuales la realidad se encarga de desvirtuar cuando los hechos demuestran que no había de que preocuparse. La mayoría se preocupa por situaciones que nunca van a ocurrir.

En el caso del grupo de amigas y amigos del grupo, una vez que se tuvo información de que el huracán si era real, pero que no afectaría zonas pobladas ni donde vivían sus familias, desapareció la preocupación, la ansiedad y todas las emociones negativas que se activan en estas situaciones como el temor y la aflicción desaparecieron.  Volvió a reinar el ambiente ameno en el que estábamos antes de la noticia.

La lección aprendida de este episodio es que a partir de eventos reales, la preocupación construye en la mente escenarios fatalistas que activan estados ansiosos con todas sus consecuencias. Se podría afirmar que la preocupación, se compone de dos factores: a) anticipación y b) recuerdos de situaciones similares.

Todos(as) nos preocupamos en una u otra circunstancia, pero la buena noticia es que se puede lidiar, controlar y vencer la preocupación, si lo logramos, el efecto inmediato es que la ansiedad desaparecerá y mejorará la calidad de vida. Desde mi experiencia, la solución está en Cristo Jesús. Él nos enseña que: la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:7).

Si la paz de Dios está en nosotros, nuestros pensamientos estarán en línea con los de Cristo, cuando nos sintamos amenazados, en lugar de estar anticipando fatalidades y recreando acontecimientos pasados,  nuestra mente estará enfocada en su palabra que dice: si Dios con nosotros quién contra nosotros; todo lo puedo en Cristo me fortalece. Entonces experimentaremos esa paz que sobrepasa todo entendimiento, el peligro se extinguirá sin haber dañado nuestra calidad de vida y estaremos controlando preocupaciones y estados ansiosos gratuitos.

Queremos saber de Usted. Le invitamos a escribirnos al correo electrónico crecetdm@gmail.com

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