• Sept. 12, 2016, media noche

En el tránsito por la vida cotidiana, enfrentamos situaciones que activan pensamientos e imágenes negativas (preocupaciones) y sus correspondientes ansiedades.   

Pareciera que la tendencia es ir de preocupación en preocupación, se sale de una  y se inicia otra. Ello probablemente se debe a que se elige centrar la mente en pensamientos negativos y anticipar lo peor.

Da la impresión que, para una parte importante de personas, lo más normal es preocuparse, sin embargo, tenemos la opción de elegir preocuparnos o por el contrario, no hacerlo, para ello Dios nos dota de discernimiento y libre albedrío.

Elegir no preocuparse demanda compromiso con una vida libre de pensamientos negativos, además de disciplina para utilizar las herramientas adecuadas. Lo importante es que podemos lograrlo.

Jesús nos insta a vivir un día a la vez. Se pueden cambiar algunos de los resultados de comportamientos anteriores, pero no es posible cambiar el pasado, por lo tanto, no hay  que preocuparse por lo que ya aconteció. El futuro es incierto, por ello, es inútil preocuparse por lo que aún no es.

Hay que enfocarse en las oportunidades del presente. La mayoría de los sucesos futuros acerca de los cuales las personas se preocupan, no ocurren. Tengamos presente siempre, que la anticipación es el lente de aumento de las preocupaciones.

Cuando aparecen complicaciones, la decisión apropiada es canalizarlas positivamente optando por no preocuparse, para ello se deben centrar los pensamientos en Dios y no en la dificultad.

En Isaías 26:3 el profeta dice: Señor tú guardarás en completa paz a aquel cuyos pensamientos están en ti, porque en ti ha confiado.

Cuando se están enfrentando dificultades verdaderamente serias, es posible superarlas recurriendo a la fortaleza y estabilidad emocional que Dios pone a nuestro alcance, entonces se comprende la palabra escrita en Mateo 6:25-34 que en síntesis dice: preocuparse es inútil, por lo tanto, no hay que preocuparse.

Jesús dice, que preocuparse a nadie le añade más tiempo de vida. Él nos instruye a aceptar situaciones que no pueden ser cambiadas en el presente. Esto no significa que debamos sentarnos y no hacer ningún intento de superar las dificultades que nos rodean. Pero debemos enfrentarlas sin preocuparnos y aprender a vivir con ellas mientras trabajamos en mejorarlas.

Si su mente, su imaginación están enfocados en Dios, en sus promesas, la paz que sobrepasa todo entendimiento inevitablemente inundará su mente, y será libre de preocupaciones y ansiedades.  

Jeremías 17:7. Benditos quienes confían en el Señor, cuya confianza es el Señor. Serán como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerán cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en tiempo de sequía no se angustiarán ni cesarán de dar fruto.

Jesús quiere que en la dificultad nos concentremos en la solución que es Él y no en el problema. Él sabe que la práctica humana es a concentrase tanto en el problema, que se aparta la mirada de la solución, lo cual tiende a generar más dificultades. Está más que probado que se puede soportar cualquier dificultad enfocando la atención en Jesús y descansando en Él, porque Él es la solución.

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