• Sept. 29, 2016, 2:35 p.m.

A lo largo del último año, los periódicos y las cadenas de televisión en las Américas han  reportado cientos de historias sobre la epidemia del zika. Los medios de comunicación abundan con noticias de personas que sufren de parálisis temporal, niños con daños cerebrales y sobre los temores que el virus ha desatado, sobre todo entre las mujeres embarazadas.

Sin embargo, a pesar de estos reportajes y de múltiples advertencias por parte de los gobiernos, las organizaciones científicas y las ONGs, hay grandes grupos de la población que todavía no se toman en serio la infección transmitida por el mosquito. A estas alturas, el zika ha sido detectado en 45 países. Sólo en Brasil ha habido más de un millón de casos bajo sospecha y unos 1700 incidentes de daño cerebral de fetos relacionados con el zika. Según las estimaciones del Banco Mundial, América Latina y el Caribe, el epicentro de la infección, este año podría sufrir pérdidas relacionadas con el zika que rondan los USD$3500 millones, lo que incluye cancelaciones en el turismo y pérdidas de la productividad. Puerto Rico está en una situación crítica. Aún así, muchas personas en estas regiones piensan que el zika no plantea ningún riesgo para ellos personalmente o que la lucha contra la infección escapa a sus posibilidades, lo que plantea graves problemas en una crisis en que la prevención individual representa la mejor arma.

Recientemente, he participado en una conferencia online patrocinada por el BID y el Governance Lab en la Universidad de Nueva York, con el objetivo de superar estas barreras y estimular a las personas para que actúen. Juntas, las dos organizaciones están promoviendo una serie de conferencias online entre agosto y octubre de este año, en asociación con los gobiernos de Argentina, Panamá, Colombia y la ciudad de Río de Janeiro. La idea consiste en reunir a expertos de todo el mundo para encontrar maneras de comunicar los riesgos más efectivamente con el fin de luchar contra la enfermedad.

Numerosos expertos coinciden en que parte de la solución del problema consiste en cambiar la percepción que se tiene del riesgo. Las personas temen las enfermedades si un miembro de la familia, un amigo o un amigo de un amigo se ve afectado. También puede que presten más atención si se informa que un personaje famoso, como Barack Obama o Salma Hayek, han sido víctimas de la enfermedad. De otra manera, las advertencias pueden parecer una abstracción. En un determinado momento las personas escuchan que ha habido miles de nuevos casos de zika a lo largo del último mes en Brasil. Al momento siguiente se enteran de que no ha habido casos de zika durante los Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro. ¿Qué deben pensar? El reto de conseguir que la opinión pública entienda que una epidemia acecha, virulenta e implacable, y a la vez no exagerar los riesgos, es enorme. Las autoridades deben conseguir sacar a las personas de su apatía, pero también tienen que impedir que cunda el pánico, de manera que no se haga un uso exagerado de los insecticidas o de los repelentes, que las personas se resignen ante la inevitabilidad de la infección, o que se arriesguen a no tomarse la epidemia en serio la próxima vez que ésta golpee.

Otro desafío consiste en conseguir que las personas entiendan que su actuación, o su incapacidad de actuar, les afecta no sólo como individuos sino como sociedad en su conjunto. Esto es particularmente importante cuando se trata del zika y de otras infecciones, como el dengue y el chikugunya, que son transmitidas por la especie del mosquito Aedes aegypti. No existe una vacuna para estas enfermedades. Además, las redes antimosquito no funcionan: los mosquitos pican durante el día y no por la noche. Esto significa que la mejor manera que las personas tienen de protegerse es también proteger a quienes los rodean, es decir eliminando los objetos donde se acumula el agua estancada donde se reproduce el Aedes aegypti, como los neumáticos viejos, los cubos de basura, las bolsas de plástico, los maceteros y los envases de bebidas, y participando en las iniciativas de fumigación de pesticidas.

La elaboración de mensajes potentes y focalizados con precisión para que las personas procedan de esta manera es crucial. Un enfoque consiste en las visitas personales por parte de las autoridades. Estos mensajes, como se ha constatado en un estudio del BID sobre las iniciativas contra la evasión de impuestos en Colombia, pueden ser sumamente efectivos. Por ejemplo, el personal de salud comunitaria en Brasil ha recorrido uno a uno los hogares para informar tanto a los habitantes ricos como pobres sobre las medidas para combatir el Aedes aegypti.

Otros tipos de mensajes funcionan mejor centrándose en subsectores específicos de la población. La radio y la televisión pueden movilizar a las personas mayores o a grupos de población con un menor nivel de educación. Las redes sociales tienen mejores resultados con los jóvenes o las ONGs. Y en el estado de Virginia, un joven biólogo especializado en mosquitos incluso escribió y produjo un video de rap en el que aparece online con una gorra de béisbol del revés cantando versos de rap sobre el uso del repelente y la necesidad de vaciar los contenedores de agua con el estribillo “No te enfermes con zika cuando te pica una mosqui-ta”.

Cualquiera sea el enfoque en un determinado lugar y tiempo, la clave consiste en asegurar que las campañas contra el zika se mantengan y se adapten a las circunstancias cambiantes. Esto significa no relajar los esfuerzos de comunicación durante las estaciones en que el mosquito es menos activo. Y significa modificar dichas iniciativas a medida que las noticias buenas y malas sobre la enfermedad se filtran y cambian las percepciones que las personas tienen del riesgo. Así como los publicistas privados elaboran sus anuncios a la medida para adecuarse a las nuevas tendencias de la moda y los políticos reformulan su propaganda política para adecuarse al ambiente de la situación política, las autoridades y sus socios privados en la lucha contra las enfermedades transmitidas por mosquitos deben estar siempre preparadas para monitorear correspondientemente las creencias y percepciones y revisar la información, el mensaje y la forma de comunicación.

La lucha será larga. Actualmente, se está criando una versión genéticamente modificada con un gen letal del Aedes aegypti en cautividad. Esta versión está siendo dispersada en los barrios con la esperanza de que matará a su propia progenie y disminuirá drásticamente la población del mosquito. Los investigadores también están trabajando en modos de infectar al insecto con una bacteria que pondría fin a la transmisión del virus. Sin embargo, éstas y otras soluciones de alta tecnología todavía requerirán muchos años para ser aplicadas de manera generalizada. Por ahora, las mejores soluciones son las más elementales, que consisten en el tratamiento de la basura y el agua, el uso de repelentes y de insecticidas adecuadamente focalizados, además de una vigilancia permanente. En esa lucha, los mensajes efectivos -y flexibles- junto con un monitoreo permanente para ver qué funciona y qué no funciona constituyen los mejores remedios.

Esta columna fue originalmente publicada en el blog Ideas Que Cuentan del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

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