• Oct. 3, 2016, media noche

Uno de estos días, cuando el termómetro alcanza niveles de calentura, en una de las calles más transitadas de la ciudad, un automóvil sufrió una avería. Se apagó en media calle obstaculizando el tránsito vehicular y provocando la impaciencia y enfado a los conductores que pretendían avanzar.

La tónica de ese estresante episodio estuvo caracterizada por el bullicio causado por decenas de bocinas activadas a la vez, y palabras groseras instando al conductor a no seguir estorbando el tránsito.

Es triste ver los niveles de insensibilidad de muchas personas ante las dificultades del prójimo, se pierde de vista que todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos del apoyo de los demás. Hoy por ti, mañana por mí.

Pero siempre hay un lado positivo, tres personas acudieron en apoyo de quien estaba en dificultad. Orillaron el vehículo dañado contribuyendo a resolver la situación y a que los demás avanzaran, quienes se alejaban haciendo gestos de molestia y satisfacción a la vez, pero para nada de agradecimiento a quienes habían hecho posible que continuaran su camino.

En el vidrio trasero del automóvil de uno de los buenos samaritanos estaba adherida una calcomanía que decía “si eres cristiano... Que se te note”. Ello manifiesta que cristianismo además de ser un sistema de creencias, también es un estilo de vida basado en la práctica cotidiana del amor, la compasión y la generosidad.

Cuando a Jesús le preguntan cuál es el mandamiento más importante, su respuesta es: Amarás al Señor tú Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tuú mente; y a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:37-39). En Zacarías 7:9 el Señor instruye acerca del trato que debe privar en las relaciones interpersonales: practiquen misericordia y compasión con su hermano.

Jesús resalta el valor de la generosidad cuando predica acerca de los llamados a ser herederos del reino de los cielos. Vengan, benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes. 

Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estuve desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinisteis a mí. Ellos preguntaron: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos desnudo, y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te apoyamos? Y él les dirá: Ciertamente que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños (más necesitados, vulnerables), conmigo lo hicieron.  (Mateo 25:40) Amiga, amigo, ayudar a los demás es estar bien con uno mismo; practicar la generosidad dándole una mano a quien la necesita tiene recompensa.

Además de experimentar la inmensa satisfacción interior que produce el hacer el bien al prójimo sin esperar nada a cambio, usted estará cumpliendo con un mandato del Señor y por ende se hace acreedor de la promesa siguiente que desde el principio Él nos hace: con generosidad darás (ayudarás, apoyarás), y no te dolerá el corazón cuando lo hagás, ya que el Señor tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendás. (Deuteronomio 15:10) Queremos saber de ustedes.

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