• Oct. 10, 2016, media noche

La paz interior es condición para la convivencia pacífica. Por el contrario, la falta de ella, independiente de la máscara que utilice, conduce a relaciones conflictivas y destructivas. La paz interior es factor de protección para el bienestar psicológico y fisiológico; la falta de ella, es factor de riesgo para la salud psico-fisiológica de las personas.

Es doloroso ver como se autodestruyen las personas cuando están atrapadas por la soberbia, el egoísmo, la envidia, el odio, etc... Así como, la capacidad destructiva de relaciones interpersonales que tienen quienes son prisioneros(as) de esos nefastos activadores de maldad.

Estudiosos de este tema afirman que hay una tendencia en el ser humano a practicar comportamientos destructivos de relaciones, por la falta de habilidades para afrontar conflictos.

Los expertos dicen que son muchos y variados los instrumentos que pueden resultar útiles para propiciar relaciones colaborativas, positivas y beneficiosas, de tal manera que se pueda trabajar en la prevención y resolución pacífica de los conflictos.

Es importante que muchos de los estudiosos del tema coincidan que los mecanismos para la convivencia pacífica están en el interior de las personas, y se sugiere la sustitución de soberbia, envidia, egoísmo, ira, odio, etc... Por valores tales como: el respeto a las personas, pensar y actuar teniendo en cuenta al prójimo, ser tolerantes con los demás, atacar problemas no a personas, etc...

La biblia, manual de vida de los cristianos, en relación a este tema en Romanos 12:2 dice: No se adapten a las cosas de este mundo, transfórmense (cambien sus comportamientos), mediante la renovación del entendimiento (la mentalidad), para que conozcan la perfecta y agradable voluntad de Dios para sus vidas.

Una enseñanza de gran importancia para ser edificadores de relaciones personales sanas, se encuentra en el libro de Proverbios 15:1: la blanda respuesta aplaca la ira; la respuesta áspera alimenta la furia.  

Para poner en práctica la primera parte de Proverbios 15:1 debemos luchar y desterrar de nuestro ser: el falso orgullo, la soberbia, la arrogancia, el egoísmo, la envidia, la intolerancia, el menosprecio, etc..

Ser amables con los demás, ayuda a superar la ira. Cuando alguien se muestra enojado(a) contra nosotros y nos agrede verbalmente, lo que corresponde es mantener la calma, ser amables e invocar la palabra y el ejemplo de Jesús para que nos de fortaleza y pasar la prueba.

Jesús dice “Bendice a quienes te maldicen”, “Desea el bien a quienes te desean el mal”. Cuando El era agredido verbal y fisicamente, siempre respondía con palabra suave, nunca contestó con insultos o amenazas, aún en sus últimos momentos de vida terrenal sus palabras fueron “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Ser edificadores de convivencia pacífica y paz social requiere paz interior, conlleva doble responsabilidad ante los demás, sean amigos o enemigos, por una parte, no darle a cabida a la ofensa y por otra, no ofender a nadie.

Llevar a la práctica esta doble responsabilidad es posible siempre que: a) Perdonemos a quienes nos ofenden (Mateo 18:21-22); b) Respondamos al insulto  con palabra suave, blanda, sin grosería  (Mateo 18:15-20); y 3) Practiquemos la mansedumbre, que esta sea armadura contra la altivez, la vanidad, la irritación, el resentimiento y la venganza (Galatas 5:22).

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