• Oct. 17, 2016, media noche

En el vecindario donde transcurrieron mis años de adolescencia y juventud, vivía Doña Isolina, quien trasmitía sabiduría y valiosas enseñanzas a la chavalada que visitaba su casa. Recuerdo que cuando ella o alguien conocido enfrentaba alguna dificultad, recomendaba recurrir a amistades en busca de ayuda, y cuando se solucionaba la dificultad con el apoyo de alguna persona, siempre decía: nunca se les olvide que el capital más valioso que pueden tener en la vida no es dinero, son las amistades fieles, verdaderas, cuyo valor es incalculable. Sean leales con ellas, cultívenlas y cuídenlas, enfatizaba.

La señora enseñaba que la primera y quizá una de las más importantes condiciones que debe cumplir la amistad verdadera es que debe ser total y completamente desinteresada, debe sentir mayor satisfacción en dar que en recibir. Es aquella que tiende a fortalecerse en la dificultad, que está desprovista de envidia.

La amistad verdadera no abandona en las dificultades, es fiel, nunca murmura en contra del amigo(a), no pone en tela de juicio su calidad moral y humana. Amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar.

A veces da la sensación que vivimos tiempos en los que la vida acelerada y el afán del día a día que impone la modernidad obstaculiza el cultivo de amistades verdaderas. Como que el tiempo es escaso y no alcanza para dedicarlo a ese fin.

Sin embargo, cuando se reflexiona alrededor de hechos vitales acaecidos en nuestras vidas, seguro estoy, que tanto Ud. como yo, encontraremos siempre a un(a) amigo(a) a nuestro lado, sea para compartir momentos de alegría o para acogernos en su regazo y derramar lágrimas, en situaciones de dolor y tristeza.  

Cuando en circunstancias de alegría o tristeza vividas hemos contado con una mano amiga dispuesta a levantarnos y fortalecernos, significa que nosotros hemos sembrado amistad descontaminada de miserias humanas, que hemos optado por considerarles nuestros(as) amigos(as) y no verles como competidores.

Queridos amigos y amigas, la amistad debiera ser prioritaria en nuestras vidas, la amistad es un campo propicio para dar afecto a otras personas, dar sin esperar recibir. Nos da la oportunidad de mostrar interés y preocupación por las dificultades y por el bienestar de los demás, compartir alegrías y tristezas, en fin la amistad nos hace humanos.

La Biblia resalta la importancia de la amistad en el proceso de establecimiento y sostenimiento de relaciones interpersonales sanas y genuinas, por ejemplo, en proverbios 17:17 nos dice que un(a) amigo(a) verdadero(a) siempre expresará afecto, y estará con nosotros en situaciones de dificultad y angustia.

Así mismo, el Rey Salomón un hombre de gran sabiduría, enseñaba acerca de la importancia de la amistad, diciendo: Los amigos se apoyan unos a otros. Ofrecen su mano para levantar al otro cuando tropieza; se acuerpan cuando enfrentan situaciones amenazantes, dan ánimo a los(as) otros(as) cuando se sienten vulnerables.

Establecer amistad con otras personas debiera ser uno de los principales propósitos para quienes anhelamos disponer de alta calidad de vida, probablemente ello sea una de las mejores inversiones que se puedan realizar, en tanto, el capital más valioso del que podemos disponer todos los días de nuestra vida terrenal son las amistades.

Queremos saber de Ud. esperamos sus sugerencias y comentarios en el correo electrónico:

crecetdm@gmail.com.

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