• Oct. 31, 2016, media noche

En el libro del Eclesiastés capítulo 3 dice: hay tiempo de nacer y tiempo de morir. Es decir, la muerte es parte de la vida, no puede haber vida sin la realidad de la muerte. Todo lo que nace, un día tiene que morir, esa es la ley de la vida.

La muerte física es el hecho vital que pone fin en esta tierra a la presencia, propia o de seres queridos. Este hecho vital tarde o temprano llega, ello es del conocimiento de todo el mundo, sin embargo, es el más difícil de aceptar, y por mucho, el que produce los dolores más profundos, intensos y prolongados en el alma de quienes sobreviven a quien parte.

Todos(as) tenemos plena conciencia que el futuro es incierto, pero tenemos certeza que lo único seguro que ofrece la inseguridad del futuro es la muerte. La gran mayoría le tememos, la combatimos, tratamos de alejarla, sin embargo, al final del día ella siempre gana la batalla. Nadie se le escapa: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos,  ricos y pobres, ilustrados e iletrados, etc.

Cuando alguna persona  está afectada por el dolor profundo causado por la partida física de un ser querido, no se debe cometer la imprudencia de invocar raciocinio, nadie debe negarse el derecho de experimentar dolor por la desaparición de un ser amado. Jesús mismo lloró cuando supo de la muerte de Lázaro su amigo del alma. (Juan 11:35).

La buena noticia de la cual hay que apropiarse es que la vida debe disfrutarse, vivirse con alegría, paz y esperanza, con la convicción que la muerte no es el fin del ser humano, sino el principio de una nueva etapa de vida en la eternidad, en donde nos manifestaremos en cuerpo, vivos,  liberados de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, etc.

Amigo y amiga si estás enfrentando dolor por la partida de un ser querido, debo decirte que hay esperanza. Jesucristo es nuestra esperanza, él derramó su sangre, murió en la cruz, y resucitó al tercer día, mostrándonos el camino hacia la vida eterna, Jesucristo venció la muerte, librándonos de la angustia y del temor que esta produce, nos indica un nuevo horizonte para la vida y le da un nuevo sentido a la muerte, nos enseña que esta no es más que la puerta hacia esa eternidad.

En estos días se conmemora a quienes ya han partido, miles de personas desbordan los cementerios de todo el país, como una manifestación del inmenso amor que sienten por ellos(as), independiente del tiempo que tengan de haber partido.  

Esta conmemoración es prueba contundente que sabemos que han partido, pero no aceptamos que han muerto, porque muere quien se olvida, y a como reza el mensaje en el frontispicio del cementerio occidental de Managua: Letum Non Omnia Sinit.

Amiga, amigo, les invito a que acepte a Jesús en su corazón, él le da la salvación y la vida eterna. Ábrale su corazón y dígale Jesús le acepto como mi Señor y salvador, y le pido fortaleza para superar este dolor que me consume por la pérdida física de mi ser querido.

Para mayor información sobre El Taller del Maestro, puede escribirnos al correo electrónico: crecetdm@gmail.com.

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