• Nov. 1, 2016, 11:02 a.m.

En las últimas semanas la discusión sobre la elusión y evasión fiscal se ha potenciado en el marco de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Cobró impulso el 26 de septiembre, cuando el candidato republicano, Donald Trump, dijo en el primer debate presidencial que no pagar impuestos federales sobre la renta lo convertía en una persona inteligente o “lista”. Pasó al primer plano el primero de octubre, cuando el New York Times reveló que Trump había declarado una pérdida de $916 millones en 1995, lo que le permitió no tener que pagar impuestos legalmente durante los 18 años siguientes. Estas declaraciones y evidencia podrían echar por tierra el consenso en cuanto al pago de impuestos, en un país donde las encuestasindican que al menos 90% de la ciudadanía lo considera un deber cívico.

El debate sobre si no pagar impuestos es de personas inteligentes o si puede constituir una amenaza para la sociedad no se limita a EE.UU. Tal como puso al descubierto el escándalo de los “Panama Papers”, muchos famosos y políticos latinoamericanos han escondido ingresos y activos en cuentas extraterritoriales. Además, según datos del informe del BID, Recaudar no basta, la evasión fiscal por parte de particulares y empresas podría alcanzar hasta 50% en  algunos países de la región como Argentina, la República Dominicana, Ecuador y Guatemala.

Sin embargo, las últimas revelaciones han reavivado preguntas de por qué la gente toma la decisión de pagar o de evadir sus responsabilidades tributarias, qué se puede hacer para que los contribuyentes morosos paguen lo que les corresponde y de qué manera la evasión fiscal puede producir un efecto de contagio. Ante una coyuntura económica desfavorable y presupuestos nacionales con poco margen de maniobra, estas preguntas han adquirido una gran urgencia y pueden tener repercusiones en todo, desde la desigualdad hasta la solvencia económica.

Una razón evidente por la cual la gente paga impuestos es para evitar las sanciones y multas que dicho comportamiento acarrea. Irónicamente, el mecanismo funciona no tanto porque los gobiernos sean muy eficientes detectando evasores sino porque la gente tiende a sobrestimar la probabilidad de que la descubran. Como demuestra el informe Recaudar no basta, en América Latina se audita apenas a un 0,3% de los contribuyentes, lo que convierte una posible sanción en algo extremadamente improbable.

La gente también paga por el cargo de conciencia. Para esas personas, como indica la encuesta en EE.UU., pagar impuestos es un deber ciudadano y el costo de formar parte de una comunidad. Desde este punto de vista, los impuestos contribuyen a la prestación de servicios fundamentales que el gobierno ofrece a todos, como defensa, seguridad y educación, así como los dirigidos a los menos afortunados, como atención médica, vivienda, seguro de desempleo, cupones para alimentos y subsidios.

Los motivos por los que la gente no paga presentan la imagen inversa. Esas personas piensan que el brazo de la ley no es lo suficientemente largo como para alcanzarlas si deciden no pagar. O piensan que el gobierno va a malgastar lo que ellos pagan en impuestos, dejando de prestar los servicios necesarios a la población en su conjunto o a los de menores ingresos. La percepción de injusticia también cumple una función: la idea de que sus compatriotas evitan pagar sus impuestos o no contribuyen en igual medida. Por ejemplo, según encuestas realizadas en municipios con bajos índices de cumplimiento de las obligaciones tributarias en Argentina, la mayoría de la gente piensa que los que pagan sus impuestos son una minoría y aproximadamente la mitad de los encuestados piensan que lo que reciben es menos de lo que pagan.

Cambiar esas ideas es todo un reto, aunque no insuperable. Experimentos realizados en 1995 y 1996 en Minnesota, por ejemplo, demuestran que la gente puede cambiar de posición si reciben una carta que les diga que, de hecho, la mayoría de la gente no evade el pago de impuestos. De hecho, entre los que han recibido una carta así, la recaudación de impuestos federales sobre la renta aumentó en una cantidad media de $2,390. Entretanto, un experimento en Argentina reveló que incluir recordatorios en la factura tributaria de la gente sobre las multas y demás sanciones que puede acarrear la evasión, hace aumentar el cumplimiento de las obligaciones fiscales en cinco puntos porcentuales con respecto a un grupo de control.

La forma que se le dé al mensaje también es importante. Tal como se trató en un blog reciente, las visitas domiciliarias por parte de autoridades tributarias a contribuyentes morosos en Colombia han hecho aumentar en 88% la probabilidad de que los morosos paguen al menos parte de su deuda tributaria, presumiblemente porque la visita los convenció de la seriedad de las autoridades en cuanto a la toma de medidas.  Un reciente aviso de una campaña televisiva dirigida a hacer que la gente pague sus impuestos municipales en la ciudad argentina de Formosa adoptó una táctica distinta. En el aviso aparece el Pombero, un duende velludo y dientón de la mitología guaraní y los cuentos de hadas, que se materializa de la nada cuando alguien habla casualmente de no pagar sus impuestos. El Pombero se inclina hacia adelante y desaparece en una nube de humo llevándose consigo al evasor, y el aviso les recuerda a los telespectadores que tienen plazo hasta el 30 de noviembre para pagar sus impuestos municipales.

Como dijera Benjamín Franklin en su ya célebre cita, “en este mundo no hay nada más seguro que la muerte y los impuestos”. Aunque hasta ahora no se sabe de nadie que haya conseguido escapársele a la muerte, hay muchos que sí han logrado sustraerse a sus obligaciones tributarias, ocasionándole con ello grandes daños a la sociedad. Además, cuando sale a relucir que gente muy acaudalada evade sus impuestos de manera descarada, no tarda en producirse un efecto multiplicador. Cuando la gente común y corriente ve que los ricos evitan pagar impuestos o reciben enormes exenciones, comienza a sentir que las instituciones son injustas y se desmoraliza de pagar sus propios impuestos. Eso puede ser paralizante porque es excesivamente costoso para los gobiernos depender exclusivamente de la aplicación de sanciones. Significa una mayor evasión fiscal y un duro golpe a la entrega de bienes públicos a quienes más los necesitan.

La responsabilidad fiscal es un castillo de naipes. Construirlo lleva tiempo y dedicación, pero es sumamente frágil. Un ciudadano “listo” que consiga no pagar impuestos y que además se jacte de ello ante el mundo entero amenaza con destruir el edificio entero.

Esta columna fue publicada originalmente en el blog Ideas Que Cuentan del BID.

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