• Dic. 19, 2016, media noche

El ambiente de estos días está fuertemente impregnado del nacimiento de Jesús,  que es el acontecimiento más importante para la cristiandad y marca un antes y un después en la historia de la humanidad. Independiente de divergencias que puedan existir acerca de fechas y lugar de nacimiento, el hecho es que Jesús vino a esta tierra a salvarnos de nuestros pecados. 

El nacimiento de Jesús fue anunciado por el profeta Isaías 740 años antes que sucediera cuando dijo: “He aquí la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros)”, Isaías 7:14.   

El nacimiento de Jesús es un acontecimiento perfectamente planeado por Dios, como todo lo que Él hace. Y tiene un propósito: la salvación. Jesús es nuestro salvador. El profeta también anuncia la llega de Jesús cuando escribe: porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro, y se llamará su nombre admirable, consejero, Dios fuerte, padre eterno, príncipe de paz (Isaías 9:6-7).

Vivimos tiempos difíciles, el rey del mundo que anda como león rugiente buscando a quién devorar (1ra. Pedro 5:8)  tiene como propósito destruir a las personas, a las familias, a la sociedad. Por el contrario, la venida de Jesús tiene entre otros propósitos: llenarnos de esperanza, construir, salvar vidas mediante un nuevo nacimiento en el espíritu, a partir del cual iniciamos una vida nueva, abundante, libre de ataduras, de adicciones, de temperamentos agresivos,  de ansiedades, angustias, preocupación, etc.

Con el nacimiento de Jesús se abre la posibilidad de aprender que la vida abundante, la vida de calidad pasa por practicar la humildad y desterrar la arrogancia; privilegiar la fraternidad y alejarse de la soberbia; anteponer la unidad a la división porque una sociedad dividida no prosperará; y por sobre todo hacer todo por amor, con amor y en amor, por ello, Él manda a que nos amemos los unos a los otros. 

Amiga, amigo, hoy miles de personas y familias enteras damos testimonio que mediante el nacimiento y ministerio de Jesús en esta tierra, hemos encontrado el camino, la verdad y la vida, que somos libres de todas las ataduras que nos mantenían prisioneros a adicciones, deudas, trastornos de personalidad de todo tipo, disfunción familiar, violencia intrafamiliar, matrimonios destruidos, en fin, todo lo que el enemigo hace para hurtarnos la felicidad, para matarnos el alma y destruirnos.

Amiga y amigo, Jesús nos enseña que su palabra nos hace libres, nos libera de todo tipo de miserias humanas, y siembra en nuestro corazón el amor, gozo, alegría, paz, generosidad, humildad, paciencia, mansedumbre y dominio propio, que son la llave para una vida de calidad.

Amigo y amiga, en esta Navidad, invite a Jesús a su vida, que su corazón sea ese pesebre que Él necesita para nacer en usted. Dígale: Jesús mío, yo le acepto como mi salvador, como mi señor, mi sanador, mi protector, como el guiador de mi vida. En esta Navidad le pido una familia y una sociedad en la cual abunde el amor, la paz y la armonía, la felicidad;  que la Navidad sea propicia para la convivencia pacífica, la estabilidad y la prosperidad familiar y social.

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