• Ene. 2, 2017, media noche

La Navidad y el fin de año representan una oportunidad para iniciar una nueva temporada. Si bien es cierto, los tiempos  son difíciles, debemos realizar nuestro mejor esfuerzo por aprovechar todo lo bueno que la vida nos ofrece y explotar las oportunidades que tenemos para vivir y desarrollarnos. En otras palabras, hay que luchar para conseguir nuestros propósitos y esforzarnos por mejorar la calidad de vida.

Esta es una época en la que debemos cerrar un ciclo y abrir otro. Son momentos para reflexionar sobre los logros obtenidos y proponernos metas a alcanzar en el año que inicia.

La vida es de períodos, todo inicia y todo finaliza. Lo importante es que en cada inicio de temporada nos dispongamos a experimentar cambios que nos permitan mejorar comportamientos, estilos de vida, calidad de vida y nivel de vida.

En estos días de finalización de un año e inicio de otro, somos partícipes de tradiciones profundamente arraigadas en nuestras creencias y comportamientos.

Estas tradiciones generan un clima de alegría en infinidad de personas, pero también se torna más evidente el vacío dejado por aquellos seres queridos que ya han partido.

Sin embargo, el regocijo y felicidad que irradian hijos y nietos representa una clara señal de Dios que la vida no ha terminado, que debe continuar teniendo como protagonistas a nuestra descendencia.

Es de suma importancia reconocer que este es tiempo propicio para renovar creencias y transformar conductas que contribuyan a mejorar estilos y calidad de vida.

Creo que la ocasión de estas celebraciones es un excelente momento para enseñar a nuestra familia a forjar el carácter con la resiliencia debida para enfrentar situaciones de alegría y de tristeza, para enfrentar la dificultad, superar obstáculos y seguir adelante.  Si lo logramos, posiblemente les estemos entregando una de las herencias más importantes para el resto de sus vidas.

También debemos enseñar la importancia de saber amar para  sentirse amado; aceptar y respetar a las demás personas con sus defectos y sus virtudes; expresar adecuadamente opiniones, deseos y sentimientos, no esperar a que los demás los
adivinen.

Que estas fechas en que celebramos tan importantes tradiciones de Navidad y Año Nuevo, nos dispongamos a trabajar con esmero en contribuir a la felicidad de nuestros seres queridos, particularmente de hijos y nietos, contribuyendo con palabras y ejemplo a la renovación de creencias y transformación de conductas. Si lo hacemos, obtendremos la inmensa satisfacción del deber cumplido.

Cada fin de año es un tiempo propicio para disponerse a reflexionar, a transformarse, a renovar el entendimiento, ver hacia adelante y avanzar en la vida.  Si ve hacia atrás que sea solamente para proponerse a mejorar lo que consideren que no está bien e iniciar esta nueva temporada tomado de la mano Jesús y pedir que él  muestre propósitos específicos para nuestras vidas, él lo hará y guiará en ese proceso.

Nuevo año,  renovación de creencias, nuevos estilos de vida, nueva calidad de vida, mejor nivel de vida, con un corazón impregnado de Jesús.

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