• Ene. 9, 2017, media noche

Al iniciar el año, como suele ocurrir desde siempre, la mayoría de las personas, independiente de raza, edad, religión etc... establecen propósitos positivos para el año que comienza o al menos consideran hacerlo; el saludo de rigor está impregnado de buenos deseos: mucha prosperidad; que todo te salga bien; muchas bendiciones etc.

En este inicio de año se vive en un ambiente abundante de optimismo, de alegría, y de esperanza, ingredientes que potencian el entusiasmo y estado de ánimo,  disponiendo a las personas a poner todo lo que esté de su parte para trabajar en pro del bienestar de su familia y aportar al mejoramiento de la sociedad. 

En medio de esta atmósfera de optimismo, también hay quienes se toman el trabajo de difundir  presagios negativos; recurren con vehemencia a cualquier tipo de argumento para augurar que no hay posibilidades que el año que inicia sea bueno. Enumeran y detallan posibles (que por lo general las dan por realizadas) situaciones que marcarán el fracaso de todos los propósitos que las personas y las familias se propongan alcanzar. 

Tristemente, estas personas carecen de falta de actitudes positivas y conductas constructivas, y desafortunadamente afectan la manera de pensar de quienes les ponen  oído, les minan el entusiasmo y les afectan su calidad de vida, lo cual es evidente en rostros preocupados, tristes, a veces ansiosos y con poca vitalidad. 

La buena noticia es que, independiente de la circunstancias, reales o imaginarias, que como persona o sociedad estén enfrentando, ustedes y nosotros, estamos llamados(as) a mejorar nuestra calidad de vida, tenemos la posibilidad de avanzar por la vida aprovechando oportunidades y enfrentando problemas de la manera más adecuada, si lo hacemos con actitudes embebidas de optimismo y entusiasmo. 

En diferentes momentos y espacios, los cientistas sociales Arnold Tonybee y V. Frankl, han afirmado que se puede dejar atrás la negatividad y el desánimo. Ello se logra si la persona se apropia de propósitos, le da sentido a su vida,  traza un plan y se llena de fe, la que actúa como motor para acometer y alcanzar lo que se ha propuesto.

La fe es determinante para mejorar condiciones y calidad de vida, el panorama puede vislumbrarse adverso, pero ello, bajo ninguna circunstancia debiera ser un obstáculo que nos impida proponernos a avanzar, porque la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1).

Amiga, amigo, en este inicio de año dispóngase a afinar el sentido para su vida, fíjese propósitos y metas, aprópiese de entusiasmo y de fe en Dios y al margen de los mensajes que pretenden hacerle creer que todo será un fracaso, usted alcanzará sus metas en este año. No olvide nunca que la fe es dar como real algo que todavía se espera; es estar muy seguro(a) de algo que no se ve; es dar por cierto algo que no vemos o no podemos comprobar con nuestros sentidos e intelecto.

Hoy le instamos a creer y confiar en la promesa que Jesús hace para usted. Él le dice: Si puedes creer, lo lograrás, porque al que cree todo le es posible (Marcos 9:23).   

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com