• Ene. 16, 2017, media noche

Al arribar a este mundo, tenemos propósito, consistente principalmente en vivir a plenitud, con calidad, en prosperidad: espiritual, biológica y social. 
Espiritual, viviendo en conexión íntima con Dios, manteniendo sana el alma (pensamientos, sentimientos, emociones y voluntad); biológica, que nos permite vivir con salud; y social, que propicia el sostenimiento de convivencia pacífica con el prójimo, así como disponer de un nivel de vida apropiado. 

Ciertamente el propósito de Dios para la humanidad es prosperidad y vida plena; sin embargo, circunstancias, condiciones y acciones adversas que se enfrentan en el camino de la vida, hacen que muchas personas sean apartadas del propósito para el cual vinieron a este mundo, generando en ellas problemas emocionales que son manifiestos en rostros preocupados, tristes, a veces ansiosos y con poca vitalidad.
Infinidad de personas hemos experimentado lo antes descrito; no obstante, la excelente noticia es que hay esperanza, con Dios se puede retomar el propósito para cual llegamos a esta tierra, porque para Él todo es posible.

Hemos sido testigos de cambios transcendentales en la vida de muchas personas, incluida la propia. Personas que pasan de creer que su vida no tiene sentido y sentirse derrotadas e infelices a encontrar el sentido e iniciar una vida plena de gozo y prosperidad. Personas que se caracterizaban por el pesimismo pasan a irradiar optimismo.

La Biblia, en Romanos 12:2, dice: No se adapten (no se acomoden) a lo que están viviendo, renueven su pensamiento, transformen sus comportamientos y conocerán la perfecta y agradable voluntad de Dios para sus vidas. 

Este mandato nos enseña que una mente inundada de pensamientos negativos dificulta la vida a las personas. Que pensamientos cerrados y oscuros, como el odio, el prejuicio, la envidia, el egoísmo, el resentimiento, la insatisfacción con todo y todos, dañan el alma y apartan a las personas del propósito para el que Dios le puso en este mundo. 

Romanos 12:2 nos instruye a que ventilemos el entendimiento, la mente, porque si dejamos que se acumulen pensamientos negativos, lamentos, resentimientos y demás mezquindades humanas, estos pueden echar raíces y trastocar comportamientos e inducir a una vida desprovista de sentido y propósito. Esta palabra indica que Ud. puede hacer lo que se proponga con sus pensamientos y comportamientos, siempre que permanezca constante en el esfuerzo.

Este esfuerzo debe ser cotidiano, desde que inicia hasta que finaliza su día. Al amanecer reconozca y agradezca todas las cosas de que dispone: la vida, la salud, el aire que respira, su mente, su familia, etc… Comience el día reconociendo que las cosas buenas abundan a su alrededor y que tienen más peso que las aparentemente malas. Este ejercicio le prepara para enfrentar su día, sea cual sea la circunstancia que le toque vivir.

En todo momento llame a las cosas que no son como que ya son (Romanos 4:17). Si algo no anda bien en este momento para Ud.,  repítase e interiorice frases como “no ando del todo bien, pero esto es temporal”. Dios está conmigo y si Él conmigo, nadie contra mí. Me estoy fortaleciendo. Mis mejores días están por venir: prosperidad, condiciones de vida adecuadas y vida abundante en todas las áreas. 

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus