• Ene. 23, 2017, media noche

Las noticias negativas abundan, inyectan desesperanza y pesimismo a granel, pareciera que la alegría, el entusiasmo, la felicidad, representan una quimera en estos tiempos. Sin embargo, estas constituyen una necesidad de elevada importancia para experimentar vida de calidad, son tan determinantes para disfrutar de vida plena como tener claridad sobre el sentido de la existencia de cada quien. 

Cotidianamente, independiente del lugar que ocupemos en la sociedad, estamos en su búsqueda, hay quienes lo hacen por el camino correcto, pero hay quienes lo hacen por el equivocado. El primero exige esfuerzo, práctica de principios y valores como: responsabilidad, integridad, honestidad, etc...

Mientras el segundo es el de la búsqueda desordenada del placer por el placer, del hedonismo, de lujos, fama, riquezas y confort, la vida fácil, el culto al dinero, etc...

Amigas y amigos, para disfrutar alta calidad de vida lo que importa y vale, es tener claro el sentido de la vida, del para qué estamos aquí, aunado a estados de ánimo caracterizados por la alegría, el entusiasmo y la consecuente felicidad, mejor aún si está Dios en su corazón.

Hace un par de días en una intersección muy congestionada de tráfico en Managua, mientras ejercitaba la paciencia esperando para pasar, tuve la grata experiencia de observar a una mujer, quizá rayando los 40, que vendía algo a conductores, cuando realizaba una venta, celebraba con una contorsión de cuerpo, tipo paso de salsa, gestos de triunfo con el puño y una risotada hilarante que contagiaba a quienes se encontraban a su alrededor.  

La señora a todas luces, es una persona trabajadora, de escasos recursos que se gana el sustento bajo el ardiente sol de esta ciudad, que posiblemente enfrenta dificultades de diversa índole, que no disfruta de la capacidad económica de muchas otras personas que a pesar de contar con dinero y comodidades, andan por la vida sin rumbo y sin dirección. 

La señora pareciera que es pobre en dinero pero inmensamente rica en alegría, entusiasmo y felicidad. 

Hace unos meses, un joven vendedor ambulante de Managua con quien me agrada conversar, con una inmensa sabiduría me decía que él y sus compañeros tenían una vida tranquila y feliz, porque amaban la vida, no el dinero, porque no vivían atemorizados por perder bienes materiales, porque sabían que tenían que luchar para salir adelante y eso es lo que hacían pero sin afanarse. Decía que la vida se vive aquí y hay que hacerlo porque se acaba, por ello la vivían con alegría, entusiasmo y felicidad. 

Amiga, amigo, cierto es que la vida muchas veces es difícil, pero se puede vivir plenamente, con alto grado de calidad. La biblia que nos da enseñanza para transitar por el camino adecuado, en Filipenses 4:4 nos dice: Estén alegres siempre en el Señor, se los repito, estén alegres.

La alegría, el entusiasmo, la felicidad que debiera ser inherente a nuestra existencia tiene como esencia el amor a Dios y confianza en Él, que a su vez lleva consigo el amor al prójimo. La alegría, el entusiasmo, la felicidad que estamos llamados a vivir es capaz de sostenernos en medio de todas las dificultades e irradia y contagia a su alrededor, pues esa es alegría de Dios.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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