• Ene. 30, 2017, media noche

Los seres humanos somos criaturas creadas por Dios a su imagen y semejanza, dotados de discernimiento y libre albedrío. En el transcurso de la vida es nuestra decisión (libre albedrío) orientar estas capacidades a vivir apaciblemente y ser sembradores de convivencia pacífica, conforme a la voluntad de Dios, o por el contrario, a vivir en discordias y ser sembradores de conflictos y confrontaciones.

Lamentablemente hay quienes se han apropiado de la creencia de que la manera “digna” de resolver controversias es por medio de la confrontación bélica. En estos días un medio de comunicación titulaba “Tambores de Guerra”, sin embargo, leyendo el contenido de la noticia, es evidente que todo lo allí planteado puede ser resuelto mediante la negociación y el diálogo, si hubiese un mínimo de disposición de alejarse de la venganza y optar por vivir pacíficamente.

Ciertamente, estamos expuestos todos los días a personas y situaciones que pueden herir nuestros sentimientos, y si a ello agregamos el contenido informativo de muchos medios y las tan de moda redes sociales, lo que salta a nuestra vista es violencia, tragedia, conflictos, etc., que provocan las más tristes y funestas consecuencias, por no recurrir a la necesaria y más inteligente solución que supone el tratar cada asunto: negociación, diálogo.

Muchas personas consideran que la paz no se puede conseguir, más aún en sociedades que se han caracterizado por la confrontación expresada en conflictos bélicos. 

Desde la ciencia, Eduardo Punset en su obra El viaje a la vida, afirma que el primer paso para conquistar la paz es la renuncia a la venganza. Desde el cristianismo se establece la paz como fruto del Espíritu Santo de Dios, en tanto, propósito de gran importancia para la vida del cristiano. La paz se sustenta en el amor, y el amor es el primer y más grande mandamiento de Dios. Debemos amar a Dios por sobre todo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Si amamos a nuestro prójimo, sabremos tener siempre en consideración lo que nos une y no lo que nos divide, y en esas circunstancias seremos capaces de renunciar a venganzas y poner en práctica la negociación y el diálogo como instrumentos para solucionar diferencias.

Jesús predicó con su ejemplo sobre este tema, independiente del contexto que le tocó vivir, proclamaba la mansedumbre como virtud fundamental para vivir en paz. 

En el sermón de la montaña enseñó: “Bienaventurados los mansos de corazón porque ellos recibirán la tierra por heredad”. La mansedumbre que Jesús enseña tiene como propósito que seamos de corazón apacible, modestos, nos capacita a la práctica de trato afectivo y cordial al prójimo, de tal suerte que no juzguemos, ni seamos mezquinos con ellos.  

Amigas y amigos, hemos sido puestos en esta tierra para vivir en paz, a veces parece difícil lograrlo, pero si seguimos el ejemplo de Jesús, podremos disponer nuestros corazones a la sensatez y a la mansedumbre, y de esa manera anteponer la negociación y el diálogo a la venganza y a la confrontación, de tal manera que heredemos a nuestra descendencia una sociedad amante de la paz y la convivencia pacífica.

Queremos saber de Uds. Les invitamos a escribirnos al correo crecetdm@gmail.com

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