• Feb. 15, 2017, media noche

Estimado lector, Irwin Fisher, profesor de economía de la Universidad de Yale, con su obra “The theory of interest rates”, fue realmente el fundador de las finanzas corporativas, al mostrarnos como valorar un activo y al decirnos que su valor es el flujo futuro de sus beneficios, descontados a “valor presente”, ya que un córdoba recibido hoy, tiene mucho más valor que uno recibido dentro de doce meses, pues el que recibimos hoy, por lo menos, lo podemos depositar en un banco y ganarnos la tasa de interés durante ese periodo.  Les cuento que en Yale también tenemos nuestra propia Trinidad:  Irwin Fisher, James (Jim) Tobin y Robert Shiller, estos dos últimos premios Nobel de Economía, Tobin, creo que por su famosa teoría “q” que mide la relación del valor de mercado de un activo con respecto a su costo real de reposición y que cuando es mayor que 1 estimula la inversión, y Shiller por su análisis de las expectativas irracionales en la valoración de activos (irrational exuberance), que nos llevaron a las grandes crisis financieras de comienzos de este siglo.

Posteriormente vinieron John Burr Williams, con su obra “The theory of investment value”, Benjamin Grahan y David Dodd, con el clásico “Security analisis” y finalmente, Myron J. Gordon, con su obra “The investment, financing and valuation of the corporation” y la famosa “fórmula de Gordon”, que nos dice que el valor de un activo, cuando el crecimiento futuro anual de los beneficios es constante, es igual a ese beneficio, dividido por la tasa de descuento, es decir, el rendimiento exigido por el inversionista, menos el crecimiento futuro; y que por lo tanto, el rendimiento de un activo es igual al beneficio recibido dividido por el precio, es decir el “rendimiento del dividendo”, más su tasa de crecimiento anual. Naturalmente que la tasa de descuento tiene que ser mayor que la tasa del crecimiento esperado, ya que de lo contrario estamos siendo excesivamente optimistas y la respuesta no tiene sentido alguno.  

Y después vinieron los demás, ya que como decía mi padre, Noel Ramírez Pérez, bisabuelo de Noel Ramírez Zalles, en su estilo característico: “después de la biblioteca de Alejandría no ha habido nada nuevo”.  Complicaciones y sofisticaciones sí que las han habido y muchas y muy elegantes, pero que a mi juicio, no han agregado mucho.  Y es que con lo básico, con lo fundamental, se puede llegar muy lejos, pero, algunas veces lo básico, aún que sea básico, no es tan fácil de ponerlo en práctica.  Y de eso vamos a hablar en esta oportunidad.

Normalmente nosotros hemos escuchado que mientras más rentabilidad queremos, mayor riesgo tenemos que asumir y que la única forma de reducir el riesgo es diversificándonos.  Pero también hemos escuchado a Warren Buffets decirnos que esto es cierto solo para aquellos que cuando dicen que están invirtiendo, no saben lo que están haciendo; pero que cuando sabes lo que estás haciendo, es decir, cuando estás actuando dentro del “círculo de tus competencias o fortalezas” y cuando al definir el precio que estás dispuesto a pagar has tomado en cuenta tu “margen de seguridad”, ese principio es incorrecto y lo que debes hacer es “focalizarte” en invertir en el negocio que conoces y adquirirlo a un precio que te brinde un margen de seguridad por cualquier error de cálculo o criterio que puedas cometer al tomar tu decisión. ¡De esta forma puedes llegar a tener, simultáneamente, más seguridad y más rendimiento!

Sin embargo y volviendo a nuestro principio general, cuando el riesgo percibido es menor, el precio del activo es mayor y, por lo tanto, su rendimiento es menor. De igual forma, en el caso contrario, cuando el riesgo percibido es mayor, el precio es menor y el rendimiento “esperado, no garantizado” es mayor.

Esto es lo que ocurre con empresas y países y por eso, en general y si la empresa o el país no llegan a quebrar, las buenas y excelentes empresas no son, necesariamente, buenas inversiones, y las empresas malas o que simplemente no son buenas, pueden llegar a ser excelentes inversiones.  Y usted se estará preguntado: ¿por qué digo? Esto y lo digo por el precio que pagamos mi querido Watson. En el primer caso, las empresas estarán muy probablemente “sobrevaluadas” y en el segundo “subvaluadas”.  Sin embargo, y aquí está el detalle, este principio básico que, conceptualmente todos lo comprendemos, porque es muy fácil de asimilar, emocionalmente lo rechazamos y se nos hace casi imposible ponerlo en práctica. Por eso, cuando cae el mercado de acciones casi todos corremos a vender y a perder, y cuando sube el precio del algún activo,  también casi todos corremos a comprarlo y a perder.  ¡Qué locura! y lo mismo ocurre a nivel de los países, ya que, cuando un país tiene problemas políticos o económicos, casi todos corremos a vender lo que tenemos y a “fugar capital”.  Y ¿qué pasa con el principio racional con el que todos hemos estado de acuerdo?  ¡Bien y gracias!  En otra oportunidad les mostraré cómo analizar la “balanza de pagos” de un país y deducir qué tanta estabilidad posee.

Y ¿por qué ocurre esto?  Esto ocurre porque cuando crece el rendimiento actual de un activo, normalmente su precio crece, pero al crecer su precio, su rendimiento futuro cae, a menos que se presenten cambios estructurales que incrementen los beneficios que recibiremos de dicho activo. Sin embargo, emocionalmente nos atrae un activo cuyo precio está subiendo, aunque ello nos lleve a una caída en el rendimiento futuro.  ¡En este caso, lo básico, lo fundamental, aunque sea conceptualmente fácil de comprender, es muy difícil de aplicar! Sin embargo y en conclusión, si eres joven y quieres empezar a invertir, lo que más te conviene en el presente es una crisis y no una bonanza y se te estás retirando, lo que te conviene es todo lo contrario.

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