• Feb. 23, 2017, media noche

Estimado lector, con toda seguridad usted ha escuchado hablar a muchos “expertos” del “riesgo país”.  Sin embargo, muchas veces, ni los mismos “expertos” saben cómo medirlo o usarlo.  Incluso hay “expertos” que han desarrollado encuestas y “modelos” para estimarlo.

Pero como usted lo sabe, la forma de medir el “riesgo país” es calculando la diferencia entre las tasas de interés de los títulos financieros que emite un Estado y la tasa del Estado considerado como más seguro y confiable.  Por ejemplo, en Europa, la diferencia que existe entre la tasa de interés de los títulos emitidos por Grecia y los emitidos por Alemania representa el “riesgo país” que los potenciales inversionista, nacionales y extranjeros, tienen con respecto Grecia en comparación con Alemania. Y ¿por qué usamos este razonamiento? lo usamos porque los países que son percibidos como más riesgosos, tienen que ofrecer un mayor rendimiento para atraer la inversión.  

Pero también hemos dicho que a la hora de decidir una inversión, mas importante que el “riesgo país”, es el riesgo que representa la industria y el negocio en el que vamos a invertir y especialmente, como piensa el funcionario responsable de las políticas públicas que son clave para el éxito o fracaso de nuestra inversión.

Y también hemos dicho que, muchas veces, en países percibidos como de alto riesgo, se encuentran excelentes oportunidades de inversión, ya que el “riesgo país”, mientras más elevado sea, mas desestimula la inversión en el mismo y ello provoca una “subvaluación” generalizada de las empresas y negocios que en el existen y esta subvaluación es fuente de excelentes rentabilidades en el futuro.  Parece un contrasentido, pero vuelva a leer el argumento y se ¡convencerá!  

Si le interesa este tema, le voy a recomendar dos libros.  El primero se titula “Red notice” y fue escrito por el banquero de inversiones, Bill Brower, un estadounidense que decidió tomar el riesgo de invertir en la Unión Soviética.  Este libro me lo obsequió mi muy querido amigo, don Donald McGregor.  El libro es fascinante.  El segundo, titulado “More Money than god”, fue escrito por Sebastian Mallaby y aunque es un poco más conceptual y académico, es algo que todos debemos leer. 

Y ¿para que nos sirve conocer el “riesgo país”?  Muchos creen que nos sirve para conversaciones elegantes e “inteligentes” en ruedas de amigos. Recuerdo un amigo de mi padre que antes de toda “tenida”, ojeaba el prólogo de algún libro de los que había heredado de su padre, y luego solo deseaba hablar de ese tema.

Pero no, ya que el riesgo país no fue creado para conversaciones “inteligentes”, sino que fue creado para ajustar la tasa de descuento que el inversionista usa para traer a valor presente el flujo de los beneficios futuros de la inversión que pretende realizar y así determinar, no su precio, pero si su “valor intrínseco”, y así aproximar el precio que está dispuesto a pagar por dicha inversión.  

Por ejemplo, si usted va a invertir en bonos de los Estados Unidos, que hasta ahora han sido muy seguros y esperamos que así sigan siéndolo, usted utilizaría una tasa de descuento de 2 0 3 por ciento; pero si decide invertir en una empresa de alimentos en Estados Unidos, es decir, en una industria y un país percibidos como muy poco riesgosos, usted, después de agregarle el descuento por el bajo riesgo que representa la industria de alimentos y los Estados Unidos como país, usted utilizaría una tasa de descuento de un 10 a un 12 por ciento; pero si usted decide invertir  en una industria y un país percibidos como altamente riesgosos, luego de incorporar el riesgo más elevado de la nueva industria y el nuevo país, posiblemente utilizaría como tasa de descuento un 15 o 20 por ciento.  Para esto es que sirve el “riesgo país”.  No se deje volver a impresionar por los “expertos” con este concepto.

Sin embargo, esto es bastante familiar y lo encontramos en cualquier texto de finanzas corporativas.  

Sin embargo, hay otra dimensión del “riesgo país” que, naturalmente, está relacionada al concepto y a los parámetros que hemos mencionado, pero que, en ciertos casos, es muy útil tenerla presente.  Me refiero al diferencial que pueda existir en el mercado cambiario entre la tasa oficial y la tasa libre o de mercado negro.  Es decir, el “riesgo cambiario”.  Así como cuando tenemos una infección la temperatura se sube, también cuando algo no anda bien en un país, este diferencial se agranda, especialmente cuando ya la crisis está tomando fuerza y ya se han aplicado “controles de cambio” y “tasas de cambio múltiples”.  Yo creo que la libertad cambiaria es a la economía, lo que la libertad de prensa es a la democracia y al estado de derecho.  

Pero si bien es cierto, es muy importante estar familiarizado con el comportamiento de este nuevo parámetro en el mercado cambiario, es mucho más importante saber analizar la balanza de pagos, ya que ella nos permitirá reconocer si existe un problema antes de que empiece a subir la temperatura, es decir, antes de que el problema se manifieste en el mercado cambiario.  Pero de este tema hablaremos en los próximos días, ya que, “El Nuevo Diario” es muy estricto con el espacio que me brinda para estas columnas que, espero, las esté disfrutando y le sean de alguna utilidad.  nramirezs50@hotmail.com

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